Domesticado.

Lo encuentro en el zaguán, acurrucado entre dos pedazos de cartón, una bolita renegrida húmeda y lloriqueante. Es raro porque a mi nunca me gustaron los bichos. (Bah. En realidad nunca me gustó la responsabilidad que acarrean) pero. No sé. Este parecía tan indefenso. Tan poquita cosa, que me lo traje y para cuando me quise acordar se había hecho un lugar a lado de la biblioteca, ahí, cerca de Kafka como si hiciera un nido, o como si el mismo señalara lo raro que puede ser.
Para empezar, Sus hábitos alimenticios son bastante inusuales y constan de un poco de crema de choclo a media mañana y un tazón de leche condensada a la noche lo cual no quita que a veces se aparezca con un cascarudo a medio masticar entre los dientes y me mire feo cuando le pongo la palma para que lo escupa.
Le gusta andar por la casa solo encima de las cosas, como si jugara al “Piso esta hecho de lava” o quisiera estar por arriba de los demás y araña y muerde cuando tratás de bajarlo.
A veces se queda mirándome largo rato, mientras uso la computadora u hojeo algún libro olvidado y cuando le devuelvo la mirada se da media vuelta y se aleja altanero con las colas bamboleándose. Otras, simplemente se queda absorto en el techo, como si tuviera mucho en que pensar.
Los Domingos grises le (gruñe? grita?) a la foto de Zoe sin que siquiera se lo haya enseñado, odia el ruido de los trenes (por mas lejano que sea) y a la hora de dormir, casi como si estuviéramos sincronizados, se hecha sobre su lugar al mismo tiempo que yo, y nunca he despertado para verlo andar antes de que me levante.
A veces, en los sueños, suele aparecer, mas grande y peludo que de costumbre acercándose sobre mi con sus colmillos desnudos y tengo la sensación de que mas que morderme va a decirme algo horrible sobre mi, algo que no quiero saber y que esta podrido, a punto de ceder y quebrarse; pero entonces despierto y sé que todo fue una estupidez, el animal es solamente una mascota y yo soy su amo y aunque últimamente se le este dando por dormirse al lado de mi almohada y haya agarrado la manía de dejar cadáveres de pájaros sobre diversas partes de la casa y se trence con mis hermanos cada vez que están de visita; yo sé que mi vieja exagera cuando no para de decirme lo raro de todo el asunto y me muestra una libro con causas de depresión, codependencia y ya ni sé cuantas otras cosas mas…
Como siempre yo le digo a todo que si, asiento seriamente, y le repito que no se preocupe mientras lo pongo encima de mi regazo y le acaricio el pelo renegrido en forma de L, que es justo como le gusta.

Para mis amigos que no tienen perro.

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