Una Epifanía.

Tendría que haberse dado cuenta antes.
Estaba ahí, siempre había estado ahí para alguien como él, a simple vista. Si tan solo se hubiera concentrado lo suficiente. Pero había tantas distracciones, tantas y tan divertidas distracciones: Primero, el caso de la chica y la sonrisa eterna, bastante facil, el hermanastro y un veneno que solo usa la tribu U´mbkele del Africa profunda; después aquel asunto con la Bóveda fractal que cambia de forma cada cierto tiempo siguiendo un algoritmo variable aquella vez habia sido “El hombre elástico”, un contorsionista con triples articulaciones y casi nada de grasa corporal, pero en ninguno había disfrutado tanto como en el final, “La serie Azul” y todos esos robos cometidos en base a las variaciones Crómaticas de los Azules de “Los Lirios” pintado por Emille Wigesttein. 
Si, la había pasado como nunca, pero los arboles le habían tapado el bosque, que estaba detrás del otro bosque y él, que siempre había visto los patrones, las pistas, las regularidades, se había perdido tan completamente como los otros, como uno de la gente, aburrida y ciega.
Pero claro, no podía escaparsele para siempre, los ciclos, las casualidades, los amigos de hace siglos con problemas y misterios justo en el momento adecuado, al principio casi cree que nada de esto estaba conectado, que no podía estarlo, pero su cerebro se resistía a la idea y pronto supo que algo tenía que haber detrás.
Tal vez Aquella Mujer, el único rival que lo había vencido alguna vez entre perfumes y disfraces que no vió, o no quiso ver, tal vez el Maestro, el centro de la red criminal mas fabulosa que el mundo moderno había sufrido sin siquiera saberlo… pero la verdad es que la Mujer había desaparecido años atrás, perdida en la burda America y el Maestro había muerto con los pulmones llenos de agua al final de una Catarata alemana.
Así que ¿Porque seguían llegando? Los crímenes, las muertes y los robos imposibles, porque, como por relojería se le presentaban a su puerta semana a semana.
Lo pensó por meses, lo pensó cada día y cada noche detrás del sonido de las cuerdas y cuando ya estaba por rendirse, cuando ya había agotado cada angulo, cada posibilidad efectiva, cada recoveco lógico, lo supo… lo supo con una certeza que solo él podia tener. Y se enfureció consigo mismo por haber tardado tanto, por haber sido tan ciego, por no haberlo pensado antes.
Así que por eso espera. 
Por eso cuenta el tiempo detrás de la puerta, pretendiendo que no sabe lo de la pistola furtiva y la bala terminante detrás de ella. Por eso se permite este castigo escrito por un demiurgo inutil y falto de talento, que seguramente cree que lo ha engañado como a los cientos de lectores que leen sus aventuras.
Por eso, El mejor detective del mundo abre la puerta a su muerte.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s