Fantastico.

Tenía que ser un Golazo. Un Fatasma de verdad, posta, todo ectoplásmico y transparente. No podía fallar.
En un mundo donde cada día nos vamos quedando mas y mas sin preguntas porque cualquier respuesta esta a un Google de distancia, lo fantástico, lo realmente inexplicable tenía que ser la ultima de las commodities y seguro que se iba a llenar de plata.
Por eso cuando el Turco anoto el precio en un papelito como si fuera una peli de espías, ni lo pensó; rasco, estafó, mendigo asta el íltimo centavo para comprar aquella casa; o mejor dicho, la cocina de la misma porque el fantasma nunca salía de ahí.
Todo grisaceo y leve, como un viento con cara o algo así, se pasaba las tardes cantando tangos y cebando un mate que ya no estaba.
Es verdad, como espectáculo era un poco apático, pero nada que un poco de Marketing no solucionara, y cuando los chicos lo atravesaran con la mano por primera vez, la guita tenía que empezar a venir de todos lados.
Por eso puso anuncios en el diario del pueblo, pasacalles, y hasta dejo un día gratis para que todos o vieran y el boca a boca ayudara. 
En un principio pareció funcionar, la gente se entusiasmó bastante y hasta le hicieron una nota en la revista “Viva” de Clarin; pero a medida que pasaba el tiempo notó que algo estaba fallando.
Su Fantasma no asustaba… peor aún, deprimía.
Era verdad, mas allá del chucho y del “Ahhh” inicial que generaba al verlo por primera vez, no tenía el fantasma nada de aterrador para continuar con esa experiencia, es mas, era agradable de un modo antiguo de serlo y simplemente miraba a la gente y se lamentaba no tener bizcochitos o algo así para convidar. De hecho, mas que gritar, o uluar, o arastrar cadenas o aguna de esas boludeces que hacen en la TV, este simplemente se lamentaba nostalgicamente de cosas, situaciones y desiciones de su vida pasada. A los chicos, solía decirles que aprecien a su familia porque no duran para siempre y a los grandes los hacía pelear enre ellos cuando les recordaba con sus historias algún amor pasado que habían olvidado para casarse entre ellos; todos salían de verlo con una sensación pesada en el pecho en lugar de los pantalones meados.
La gota que derramó el vaso fue cuando, para subirle un poco el ánimo, los boludones de los amigos del Colorado Marquez le pagaron una pasada para que se olvidara que lo había dejado la novia. No habían pasado ni diez minutos que tuvieron que entrar para sacarle la cabeza del horno mientras lloraba a grito pelado y llamaba a la Laura que lo había dejado por un Rugbier o alguno de esos tipos que siempre son mejores que uno…
De todo esto, sacó en limpio que parece que a la gente le gusta que la asusten con boludeces, pero el pasado y el futuro son un poco mucho para cualquiera.
Al final, y ya cansado de perder plata, tuvo que tirar el caserón entero y con un crédito construir un Cyber; le fué bastante bien hasta que se lo cerró la AFIP.

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