Hojeando.

Del Jardin de los senderos que se bifurcan, sale esta esquela… o mas bien, de mi derrotero por paginas si y paginas no leidas sale la idea de la reconstrucción de una novela contando con simples hojeadas de la misma.

Hojeando

P 12

El extraño sostenía un cofre con una fuerza que no dejaba presentir su estoica prescencia.
– El cofre le pertenece- dijo en tono sepulcral afinado por su tono de British gentleman-… Y todo lo que viene con el- agrego como para disipar cualquier duda sobre el sajón en su sangre.

P 165

Atestado y maloliente aquel lugar tenía que ser el de la dirección. “El ojo de acero” había dicho Franz.
“Solo los que hayan purificado el corazón de todo sentimiento que no fuera venganza pueden siquiera percibirlo. Estas listo. Estas hueco” lamento y se fue sin decir adiós.

P 346

La hoja salió limpia de la herida. Como si el gesto hubiese sido un sueño y de la duermevela solo hubiera quedado una flor carmesí que se abría sobre la camisa del aborrecido que miraba incrédulo.

P 158

Matar a un inmortal no es difícil.
Escupió el viejo. Solo requiere un sacrificio. Una vida por otra.
Ahora el arma… Eso ya es otra cosa.

123

Así que. Obviamente. Todo era para probar un punto.

67

La curva de la cadera. Le gustaba detenerse ahí. Dejando la mano fláccida y sintiendo el movimiento rítmico de su respiración. Podía pasarse horas en esa magia que era la mujer pero sabia que no duraría y apenas despertase quitaría su mano fastidiada.

87

Como si el cofre lo llamara de noche. La voz del mago prometía desde el fondo de su prisión de cristal.
Poder, fama, fortuna y la dilatación de un amor que sabia a punto de terminar.
Por supuesto. Eso fue lo que lo decidió.

308
El dolor hizo que se tocara el pecho vacío. Donde había habido un corazon habia latido alguna vez ahora solo se percibía el hueco, como si pudiera atravesaría con una frágil presión.
El tiempo se le acababa y todavía no había encontrado al hechicero..

P 238

A pesar de lo que Hawtorne protesto el si había sentido su prescencia. Su toque. Su falta. Y lo mas importante. El acero que ahora abultaba su saco frío y fatal.

186

Grito como nadie había gritado antes mientras las manos ya acostumbradas hendían su pecho como si fuera de manteca.

122

Entonces Narro la historia de las mil y una noches. Aquella donde un djin es encerrado en una botella y, durante los primeros mil años de su encierro promete un deseo a su libertador, pero el tiempo pasa y en los segundos mil años promete tres deseos a quien lo saque de su encierro; finalmente, ya cenado y consumido por la ira. El djin se promete a si mismo hacer pasar a quien lo liberase por los peores males y tragedias existentes pues, este hecho presagiaba la naturaleza cruel de los hombres, ya sea por el encierro. Ya sea por el castigo.

134

Lo único que recordaba era una vorágine de caras y una sucesion de palabras que se mezclaban al punto de la cacofonia; mimassentidopesameeratanjovenquienlohubieradichonosomosnada murmuras el trataba de convencerse que era un sueño.

90

La llave entro no sin algún esfuerzo. Podría haber adivinado algún presagio. Pero prefirió atribuir el problema a la simple antigüedad de las cosas.

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