Costuras.

Se parece a cuando te agarras ese hilito que sobresale de la ropa con un clavo y ves impotente como esa manga, o esa cintura o ese pedazo de buzo que hasta ese minuto era solo uno, se divide en dos mostrándote justo donde la costura debería mantenerlo cosido. Y por un momento así permanece, unido por el recuerdo de lo que fue mas que por el hilo que intenta sujetar los pedazos, basta un simple movimiento o una brisa para que, descosido ya, revele las partes que lo formaban, doblándose, moviéndose, superponiéndose la una a la otra: como el doblez de un empapelado que se despega por la humedad dejando ver la pared que no tiene siquiera revoque fino.

Así se ve,ahí por abajo de las escaleras de lo de Filipo que esta tan ido por los medicamentos que es imposible que realmente se de cuenta de algo.
Ahí la vi, la primera vez de refilón como por el costado del ojo por donde esta el lagrimal, la vi y pensé que era un truco por la óptica de la escalera misma, pero al par de días, no me acuerdo cuantos, tuve que rescatar una botella metiéndome en el recoveco y ahí estaba, en rutilante technicolor.
La costura que daba a otro mundo.
O deberia decir; La costura descosida, que daba a otro mundo, dividida en dos, casi flameando despacio y levemente, como si fuera un trozo de tela que en lugar de desarreglar un pantalon; me mostraba otro mundo por detrás.
Un mundo de vaya uno a saber que cosas, de que misterios maravillosos e increíbles.
Y yo soy un bicho curioso, así que aprovechando que Filipo no puede estar solo medio que me mude a su casa para investigarla con tranquilidad.
En un principio los exámenes fueron básicos; ¿como reacciona la luz al dar de lleno en la costura? ¿la gravedad se afecta a su alrededor? ¿Las fuerzas magnéticas kineticas y otras tantas siguen existiendo en ese espacio incluso cuando flameaba víctima del chiflón que recorría la casa a la tardecita?
Buenas preguntas, pero las conclusiones resultaron de una normalidad tediosa. Al parecer salvo el efecto a la vista, nada raro era provocado por aquel lugar donde el mundo se descosía.
El paso a seguir era lógico.
Había que atravesar la costura; había que ir al otro lado.
Así que eso hice. Casi sin pensarlo, como un acto de fe, agarre la costura por uno de sus lados y lenta y cuidadosamente, como quien descose una prenda, fui agrandandola hasta que el tamaño fue el suficiente y pude pasar al otro lado.
Fue como poner pie en la telaraña mas grande, compleja e intrincada que pudiera haber imaginado. Sus hilos contandose en centenares partían de grandes madejas, seguían algún tranco del camino en común y luego se dividían y Sub dividían para mantener las costuras en su lugar y la ilusión de que nuestro mundo es un todo completo y homogéneo.
Pero No lo es. Y yo pude verlo de primera mano, cada hilo de esa tela infinita sosteniendo, uniendo un trozo de nuestro universo con otro para que no colapse, para que no se despegue del tapiz total. Este sostiene tu taza de cafe de esta mañana, este la mesa, este el escalón de la escalera que nunca sabes porque siempre se sale de escuadra. y todos sostienen las costuras de la casa, de la manzana, del mundo en su totalidad.
Como si nuestro universo no fuera no mas que una serie de trozos de genero, telas diferentes cosidas parte por parte. Un kilt echo de piezas de la realidad misma todas juntas cual rompecabezas infinito.
Hay un hilo que me sostiene a mi así como hay otro justo para vos y los tuyos.
Asi que, Despacio, con cuidado de no tocar siquiera uno de los hilos, di un par de pasos por el lugar; frío, inhóspito, con columnas de hielo blanco perdidas allá lejos, donde la vista es engañosa, como si salvo los hilos solo hubiera lugar para un erial helado y sin vida…
O casi sin vida.
Basto que apenas rozara una de las telarañas con el dedo para que todas comenzaran a vibrar al unísono, como tocando una canción con muchos bajos; alertándolos, atrayendolos a ellos.
No tardaron en llegar, de a decenas, como surcando los hilos cual olas en el mar. Los “tejedores”.
Parecidos a arañas gigantescas, sus patas se colgaban y descolgaban de los hilos con velocidad impresionante llegando al origen de la vibración en un santiamén.
Enfrentados a mi, y sin que que yo atinase a hacer nada, dos de ellos colocaron sus patas anteriores frente a su cara, revelando una suerte de mascara de ángel o de demonio partida a la mitad, como esas mascaras salidas de un carnaval de Venecia de finales de siglo. Mascara detrás de la cual sus ojos me escudriñaban con interés gélido emitiendo sonidos similares a claquidos o chasquéos de madera.
Por supuesto, no deje que terminaran lo que sea que estaban tramando y con un ademan desesperado arranque varios hilos descosiendo varias partes de la realidad que conformaban la casa de mi amigo.
Chillando y zumbando, los tejedores se pusieron al trabajo de reparar el daño hecho, pero era demasiado y la casa entera comenzó a deshacerse, como si se derrumbara parte por parte. Encogiéndome, saltando y esquivando; procure salir de aquel lugar antes de que recordasen que estaba ahi, sin embargo antes de dejarme ir, uno de ellos lanzo un siseo y tiro un zarpazo en mi dirección rozándome el cuello y dejando una marca bastante profunda que solo note estando afuera ya.

Meses han pasado Desde aquel incidente, el derrumbe de la casa de Filipo fue atribuido a la vejez del edificio en cuestión y Filipo mismo fue trasladado a una clínica donde, si he de decir la verdad, parece bastante mejor que antes.
En cuanto a mi, ya casi no tengo las pesadillas al pensar en lo que vi aquel día. Eso si, he empezado a notar que en el cuello, justo donde el zarpazo de uno de los tejedores me había rozado en mi escape ahora sobresale un hilillo, pequeño y casi imperceptible, como una costura mal hecha o a punto de deshacerse

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