Los Agentes.

Con cuidado, meticulosamente, palabra por palabra (casi silabeando), así como ha hecho con todo el libro; releé la ultima oración;

“Pero el castigo llegaba a un lugar desierto. Quien era, quien había sido Victor Muchán, se había ido hacía rato de aquel lugar; los pelos cortados y las manchas de tintura en el lavatorio del baño indicó que, como tantas otras veces, la vida de decenas de personas había sido arruinada por algo apenas mas tangible que un fantasma, un cuento de terror para gente grande que las personas se dicen en secreto; la historia de un hombre que como mefistofeles; ofrece todo en un simple apretón de manos solo para quedarse con lo que mas queremos cuando menos nos damos cuenta.
Victor Muchán ya no existía y Lonrhot, el detective, se dejo pensar por solo un segundo si el mismo existiría ahora, sin el otro, el odiado, la presa, el final del camino.
O pero aún… si importaba que el existiera”
No, perfecta no és, se dice meneando la cabeza, pero el tiempo le juega en contra asi que, si ha de imprimirse, si ha de existir, tiene que ser ahora, con la protección que la velocidad le puede comprar.
Asi que se pone detrás del volante de su achacado auto y se larga a las calles; en el camino se mueve mas atento al espejo retrovisor que a lo que ocurre delante de el, lo cual le provoca dos roces muy fino y un semaforo en rojo que debería de haber visto a centenares de metros.
No importa, tiene las llaves de la imprenta y durante semanas se ha ido familiarizandose con el proceso que, hoy día no es demasiado complejo, un pendrive con el texto, asegurarse de que las maquinas tengan los insumos necesarios, ajustar la linea de producción… trabajo de un solo hombre y él, cuenta con ello.
Nadie al llegar a la imprenta. buena señal, se dice mientras recorre las oficinas hasta llegar a la sala de las computadoras donde “bajar” el libro; la sala esta a oscuras; suerte, trata de leer esto como prueba de que tal vez, solo esta vez se pueda…
La luz de las linternas lo ilumina de frente casi con fuerza fisica, haciendo que cierre los ojos y casi tire el pendrive que ahora, tembloroso aprieta en su mano izquierda.
-Tranquilicese, no tiene porque temernos- dice una voz que, en lugar de venir detrás de la luz parece venir de la nada misma detrás del tejido del universo… como un eco zumbón en los oidos de una cara que, a todas luces no tiene boca.
-Yo… yo sé lo que ustedes hacen y…-reuniendo fuerzas- y no puedo dejar que hagan lo mismo con mi libro. ¡No con este!-
– Todos creen eso, pero en el final terminan aceptando que nuestras soluciones, son para mejor- Se acercan, despacio, como deslizandose- usted no será distinto…-
-¡No! ¡jamás! el libro tiene que terminar así. No hay otra forma, todo lo que escribí esta hecho para llevar a ese final…
– ¿El final donde el Villano de la historia burla a los policias y al propio heroe, sin recibir castigo alguno? y no solo eso, sino que hace que el propio protagonista pondere la razón de su vida en relación a este fracaso…- Y seguían acercándose, esta vez a un simple largo de brazo de distancia.
– ¡Si! el final justo para repasar la idea de futilidad de las empresas de los hombres, la imposibilidad de abarcar ciertas cosas, de como fallamos en dar sentido a nuestra vida salvo cuando la vemos como una batalla y…
-Pero. ¿No hay suficiente de eso en la vida? ¿Usted cree que También la literatura tiene que contaminarse de ese modo? ¿Tambien debe de ser deseperanzadora o decepcionante o malditista?-
-Si… yo creo que-
Pero ya es demasiado tarde, el agente toca, o tal vez simplemente roza su cabeza con unos dedos larguísimos y afilados como agujas y él siente como los mismos no se detienen en el craneo, sino que van mas allá, al cerebro, la materia gris, los pensamientos…
– No nos vea como los villanos. No somos castigadores, usted debe de saberlo bien, somos agentes de una justicia… tal vez la ultima forma de ella que los hombres pueden obtener.
Somos agentes de La Justicia poética y esa justicia hemos de repartir…-
Pero lo ultimo, lo escucha como en un sueño, es inevitable pues su cerebro parece haberse llenado de una solo idea, un ultimo capitulo para el libro, un capitulo donde Muchán, conoce a una mujer y esta lo enamora solo para quitarle todo, dejarlo en la ruina, peor que un mendigo y sin nadie a quien acudir… hasta tiene la ultima frase.
“Y ahí se quedo, sintiendo la furia que tantas de sus victimas habría sentido al saberse victima de la estafa, una especie de veneno en estomago que sería incapaz de escupir enteramente en lo poco o mucho que quedara de su vida”.
Si, se dijo… esta sería una buena frase para terminar el libro, e intentó sonreir satisfecho aunque, extrañamente, solo obtuvo una mueca de sonrisa a medias.

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