Un prologo.

Las aventuras de Simón el corsario.

De Juan Carpentier.

Que una novela de aventura, que una novela dedicada a la pureza de la peripecia por sobre cuestiones de índole psicológicas, meteóricas o hasta de índole filosófico/metafísicas pueda existir el día de hoy es una felicidad y a la vez motivo de una necesaria disquisición sobre el estado de la narrativa actual.
Hijo acaso bastardo (por el tiempo en donde se mueve, no por su unidad temática y de acción) Del Salgari mas desaforado o del Stevenson del agua, los tesoros y los granujas queribles, Simón el corsario narra las aventuras del personaje del titulo durante un periodo de vida que va desde los tempranos doce años donde lo conocemos como polizón y luego grumete de un barco bajo la tiránicas ordenes del Capitán Marechal, corsario al servicio de la España del siglo de oro; hasta bien entrados los cincuenta años donde, desde su refugio en una Isla del Caribe sin nombre, se encuentra ya con la suerte de hombre sin nación ni bandera plenamente aceptada.
En el medio; la catarata de historias, unas veces cortas como anécdotas, otras largas como novelas cortas, que componen el cuerpo del texto nos llevaran de la mano desde peleas con el olor del acohol en puertos sin nombres, batallas navales con las posibilidades siempre en contra y el descubrimiento de isla paradisicas que solo resultan trampas maléficas para Simón y los suyos.
Así, en medio de un siglo que decreto (inconcientemente, como los únicos decretos verdaderos pueden ser) la muerte de la novela de peripecias en favor de la llamada “novela de caracteres” (una mala traducción del Character sajón) o mejor dicho la “Novela psicológica”, novelas donde los actos están signados por el personaje o son númenes de este, es una bocanada de aire fresco ver una novela donde los personajes se presentan como requeridos por la trama y nada mas.
Así, jamás nos preguntamos que sucede con el Dr. Manguer cuando este no aparece en una historia ni perdemos el sueño por Marguerite, la cortesana, cuando no esta a mano.
De este modo, cada historia se resulta en un Mecanismo de relojería ajustado a los engranajes necesarios, ni mas, ni menos que eso; dando pasos a historias memorables: como por ejemplo; la historia del Fantasma del amotinado, una suerte de homenaje a Lovecraft que se resuelve por medios enteramente lógicos que no esotéricos; o Los siete días de tormenta, un cuento narrado a pura fuerza de la tensión que genera tener enteradas a los personjes en un espacio cerrado con la suerte incierta debido a elementos sobre los cuales no hay controles.
Es, sin embargo La historia “La marca de las palabras” la historia que sirve de puntal y expresión idiologica máxima del libro en su totalidad; en ella asistimos a la historia del hijo bastardo de un noble italiano y una prostituta que termina siendo dado al cuidado de un abate en una Iglesia derruida; encerrado en las proverbiales cuatro paredes, nuestro joven protagonista sin nombre crece con el ansia de la aventura y la libertad marcada en la sangre y que exacerba todo marino, caballero u extranjero que pise la abadia; tanto es así que llegados los once años decide huir de la iglesia y probar suerte en la mar. Es entonces cuando la historia queda trunca y nos damos cuenta que lo que estamos leyendo, en lugar de ser la historia de origen de Simón, es en realidad una treta “a lo sherezade” para comprarle tiempo frente al hacha de un verdugo. La lapida sobre cualquier elucubración sobre este posible origen se da cuando, ya a salvo, se levpregunta a Simón si esta es su historia a lo que el solo atina a responder “importa?”.
Y lo cierto es que no, lo cierto es que Simón es un personaje sin pasado pero dueño de un presente imediato que existe solo para regalarnos la sensación del salitre en la piel y el viento en los cabellos.
Por supuesto los críticos, tan acostumbrados a la modernidad que cómodamente se han construido, denostaran la novela por inconsecuente o pasatista, pero eso ya no nos importa pues sabemos que Los críticos jamás se subirían a un barco pata empezar.

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