Telepatía.

Había olvidado tanto el sonido de su voz, que cuando la escucho diciendo “Buenos días” le sonó mecánica y pastosa, como si antes de salir pasara por un tamiz de acero.

Por supuesto, con la tormenta y la subsiguiente caída de antenas, la telepatía había sido cancelada en el pueblo; así que no podía ser el único que pasara por algo similar.
“Buenos días”, replico ella y su voz no sonó tan ajena como la propia.
¿Cuando había sido la última vez que la había escuchado? Se preguntó; La fiesta de Susana, claro, con todas esas personas con distintos prestadores que se superponían, había sido mas fácil usar las cuerdas vocales que retransmitir un solo pensamiento por mas simple que fuera, aún así, hubo un par de invitados que se habían quedado al margen sin saber como articular lo que pasaba por sus cabeza.
“¿Vas a tomar jugo o…?” Pregunto ella y, todavía sorprendido, él solo atinó a mirarla, con el mundo que parecía detenido en aquella cocina con la pava silbando su hervor y las tostadas morenas pero no quemadas.

Finalmente; contestó un Farragoso “No” y ante el asentimiento de ella, procedió a revolver el café que lo esperaba en la cabecera de la cocina mientras la miraba medio de reojo.
Se movía como siempre, con la atención puesta sobre mil cosas que iban desde la cocina, pasaban por mirar la agenda y garabatear algo en ella y, de cuando en vez, mirarlo a él como quien mira algo para asegurarse que sigue ahí.

¿Qué estaba pasando por su cabeza? ¿Cuáles eran sus pensamientos en cada momento que pasaba? ¿Por qué estaba siendo tan buena con él después de las peleas del ultimo tiempo…?

Y entonces le llegó. Como tapado por ruido blanco. Un resto de las antenas como ese que te queda cuando tenes una sola Barrita en el celular…
“…eneno para ratas…”

Y por un momento le pareció ver que ella detenía un segundo su trajin de todos los días en la cocina. Pero fue solamente un momento, e inmediatamente ella le dedico una sonrisa tan franca y abierta que desarmó todas sus dudas…
Tal vez lo había perdonado, tal vez no saber exactamente que pensaba cada uno ayudaría a calmar las cosas, tal vez el pensamiento ni siquiera era de ella, o se refería a las ratas que habían hecho sitio en el sotano de la casa…
Si, tal vez.

Pero por si las dudas sigue revolviendo su café esperando que llegue la hora y pueda irse al trabajo sin tener que tomarlo.

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