Un día perfecto.

Sabía que en el universo no pueden existir dos circunstancias exactamente iguales sin que alguna de ellas quede anulada. La vasta materia que compone nuestra realidad se niega a combinarse dos veces del mismo modo pues la repetición indicaría una falla en la inventiva de la mente divina.

De modo análogo, Razono que, siendo los sueños y las historias (que, en algún punto son la misma cosa) simplemente otros planos de las circunstancias que nos rodean, cualquier detalle, soñado, imaginado y pasado al papel con suficiencia, bastaba para que el mismo fuera borrado.
Teniendo esto en cuenta, acometió la tarea de crearse el Día Perfecto, escribiendo meticulosamente cada detalle desagradable para así, obliterarlo de la maquinaria vital que lo rodeaba; agotaba las variaciones mas mundanas, así como las mas descabelladas, con la esperanza de así borrar los caminos que podrían haber sido.
De este modo, los llamados (a media mañana, entrada la tarde y a la noche misma) de su madre; quedaban fuera de la ecuación del Día Perfecto, así como también quedaban fuera; el encontrarse con su Ex en el ascensor, el llegar tarde y tener que correr al 12 para tomarlo a tiempo, la lluvia de otoño que te deja mas pegajoso que mojado, la llegada del jefe que siempre lo mira con la superioridad de los idiotas; y así, y así, hasta llenar decenas de cuadernos, cientos, tal vez miles, apilados por toda su casa, como torres de papel, cada uno con la minuciosa descripción de aquello que no debía suceder.
Años tardó en conjurar su día perfecto. Años de noches en vela y días completos dedicados a esa alquimia dedicada a borrar lo que aún no había sucedido. Años en los cuales su voluntad nunca flaqueo pues su objetivo eran el éxito, el amor y la felicidad al fin.
Por fin, un día, que había llegado el momento de conjurar su “Dia perfecto”, tomo su cuaderno, agrego las palabras finales y se dispuso a cruzar la puerta de calle; mas, de repente, recordó una última figura, un ultimo signo que agregar a la casi infinita ecuación de la nada y sin pensarlo tomo al azar uno de los cuadernos que mas a la mano le quedaban; sacándolo con fuerza de su lugar y provocando la caída de todos los otros cual avalancha de hojas y cartón.
Ahora, atrapado bajo el peso de lo que ya no va a suceder; sonríe pensando en como pudo obviar esa posibilidad al tiempo que detrás de esa puerta, el día perfecto ya esta pasando sin que al destino le importe mucho que él esté o no.

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