Una Posta.

Hay una hoja de papel en blanco.
Detrás de ella esta el escritor. con los hombros en tensión, el lápiz a medio masticar jugueteando en la boca, lo ojos clavados en la hoja como si no existiera otro objeto en el mundo.
Él También esta en blanco.
Atrás han quedado los cuentos de su “Libro de los mil días y un día”; con sus rufianes mágicos, sus orillemos fantasmas, con su tango voluptuoso y compartido que solo los iniciados pueden escuchar.
Atrás queda su novela “El coleccionista de atardeceres” ganadora de cierto prestigio vulgar por Best Seller; una historia coral encapsulada en dos atardeceres con 25 años de diferencia el uno con el otro.
Atrás las ideas que no puede llevar a cabo; como ese policial de enigma donde el perpetrador, el detective y el narrador son la misma persona y un lector atento seria capaz de descifrar desde la primer página, o esa novela Bizantina donde los personajes solo sueñan que viajan desde la comodidad del estudio londinense, o tal vez esa biografía de un santo que en realidad encubre que es un demonio, solo para encubrir que es hombre, solo para encubrir que es nada…
Ahora solo hay vacío, vacío que lo llena de ansiedad y que hay que llenar de algún modo para que haya una historia, vacío que pretende conjurar escribiendo lo primero que se le viene a la mente, sin pensarlo, sin ni siquiera mirar, dando rienda suelta al lápiz y su rasgeo en la página, apenas dos oraciones resultan pero deben de ser suficientes para empezar:
“Hay una hoja de papel en blanco.
Detrás de ella esta el escritor. con los hombros en tensión…”

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s