El Hilo.

La idea del hilo que puede remendar un corazón roto le llego en el tercer día del duelo por Adriana.
Hecho un ovillo en la cama dejaba rodar las horas muertas mirando las fotos del celular y escuchando un cover de “Creep” en un loop interminable; cuando un amigo (de esos que llamas cuando las cosas pasan para después no saber que decirle y ahogarlo en un silencio incomodisimo), le comento que la única que le quedaba era ponerse los pantalones y hacerle frente a la cosa, que solo el tiempo curaba esas cosas y no había solución mágica que valiera.
Pero: que tal si lo hubiera?
La idea de un bálsamo capaz de reparar de inmediato un corazón destrozado no le pareció imposible, sino necesaria, hasta imperiosa.
Por lo pronto buscarla por lo menos calificaba como hacer algo y era una buena excusa para dejar la cama.
Periodista de oficio, siguió una decena de pistas falsas antes de oír hablar del hilo que remienda los corazones partidos. Oculto en una docena de letras de tango, libros de diferente índole, ensayos y hasta dichos populares, la pesquisa finalmente lo llevo a un viejo bar de San Telmo semiescondido entre la oscuridad y una fonda.
Acostumbrados a una clientela de borrachos y tahures fieles su entrada no paso desapercibida.
De hecho, ni siquiera tuvo que mediar palabra entre el y el dueño para que el mismo le dijiese
-Mire que no es fácil y menos para todos…-
-No importa. Lo necesito.-
Asintiendo gravemente el dueño le presento el hilo.
No pudo evitar una sonrisa al verlo, no era mas una madeja de hilo cisal berreta del que se compra para la clase de manualidades, sin embargo el aire reverencial y adusto del dueño le corto la risa de cuajo.
Serio, respetuoso, el dueño desprendió de una de las agujas que atravesaba el ovillo una Hoja de papel amarillento; una lista que había de cumplir antes de poder usar el hilo.
No era una lista fácil.
Entre otras cosas requería contar a alguien realmente como habían sido las cosas, sin mentir y, sobre todo, sin mentirse a si mismo; recordar el peor y el mejor de sus momentos juntos, transformarla en un poema sin rima y el principio de una novela, borrar todas sus fotos menos una , enmarcar la ultima frase que le oyó decir y así, y así…
Tantas y de tan diferente cariz eran que tardo un año en hacerlas.
Al final, volvió a presentarse al bar listo para ser remendado, pero algo extraño ocurrió cuando abrieron su pecho listos para atar las piezas sueltas: todas estaban en su lugar, es mas, todo lo que había hecho durante el año había rendido frutos de una manera u otra, el contar a sus amigos como habian terminado las cosas lo habia obligado a mirarse a si mismo, sin lastima y sin ilusiones; el recuerdo de su mejor y peor día se balanceaban el uno al otro y ver dia a dia la ultima frase que le oyó decir le ayudo a entender que todo era inevitable pero ya no triste.
Sonriendo, miro al dueño del bar y señalando la madeja pregunto:
-Realmente funciona-
-tal vez si, tal vez no. Pero ahora sos parte de la cadena-
Y así como tantos otros antes que el habían escrito o cantado o rimado sobre el hilo, el tuvo que convertir su historia en una crónica, para que quien sea que lo siguiese pudiese encontrarlo si lo merecía.
Hasta hoy en día todos creen Que es un cuento fantástico.

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