Una escalada.

Se esconde, atrás de unas sillas caídas, las llamas de las cortinas quemadas llenan el recinto de humo y hacen que en el segundo piso el aire sea casi irrespirable.
Malas noticias, eso significa que los que todavía están vivos van a andar merodeando cerca y no van a tardar en llegar. En base a lo que ha visto, puede que queden una doce o tal vez unos catorce lo suficientemente enteros para reclamar el sillón, los demás o están muertos y mutilados mas allá de toda posibilidad de movimiento.
En un principio creyó que podría, creyo que, joven aún, agil, fuerte y con los ideales bien puestos, eso lo tenía que llevar aunque mas no sea a la semi final, ¿Y quien sabe?, tal vez fuese la primera vez que su partido tuviera la oportunidad de gobernar. Sin embargo toda vocación de poder se le había ido junto con el vomito que le produjo prescenciar la primera de las muertes.
Y pensar que todo había empezado con una trompada.
LA trompada; décadas atrás en un debate nimio sobre el presupuesto y una coma que no se dignaba a moverse; el jefe de la bancada Roja había procedido a insultar a la madre del secretario del partido Azul quien se dio vuelta como si no hubiera oído, solo para poder tomar carrera y propinarle un puñetazo de tal calibre que el susodicho terminó en el suelo inconsciente.
Por supuesto, se habló de remover fueros, de posibles sanciones, de la ética, la moral, los contextos y todo lo demás, pero al final del día todo quedó en la nada y en la siguiente reunión de la comisión todos estuvieron presentes con sus mejores trajes haciendo juego con sus sonrisas hipócritas.
Pero la verdad es que fue como abrir la caja de pandora, día a día, y ante el regocijo de una ciudadanía que no entendía mucho de politica pero sabía mucho de fanatismo, los episodios de violencia fueron aumentando en caudal y gravedad. Una silla revoleada por aquí, un escritorio tumbado en un ademán, unas patadas, unas piñas, un intento de usar un cortaplumas como un cuchillo, la primera muerte por ahorcamiento con corbata, todo devenir era aceptado con naturalidad, al punto que se volvió ley… y peor aún.
Espectaculo.
Según las nuevas disposiciones aceptadas por mayoría simple, se daban por terminadas las elecciones, o al menos tomaban otro cariz; los postulantes, en lugar de mostrar sus capacidades sobre el terreno de la política, tenían mas suerte en mostrar sus capacidades físicas, de astucia o, en algunos casos, la lisa y llana crueldad, como base para acceder a un cargo.
Así, los candidatos, habían pasado de ser abogado, doctores y arquitectos a ser ladrones, delatores, estafadores, asesinos y algunos pocos idealistas que aún creían que de algún modo en la justicia divina les daría la razón.
Cada año se repetían estas “elecciones” en las cuales todos los competidores tenían que eliminar a sus competidores en la escalera que finalmente les permitiría acceder al cargo máximo en la forma del sillón de Rivadavia.
Doce “elecciones” han pasado desde aquella. A los caóticos y espontaneos baños de sangre de las primeras, les han seguido estas de calculada violencia; prodigas de equipos, alianzas y traiciones.
Se remueve pensando en lo lejos que ha llegado sin un equipo que lo contenga y sin tener que asesinar a alguien, asombrándose de que lo mas cerca que ha estado de una pelea haya sido la matanza del principio; donde escabullirse por detrás de un miembro del partido naranja que terminó noqueado por un cenicero volador, le había permitido estar fuera del radar de todos; todas las muertes habían ocurrido lejos de él.
Podría ver un símbolo en esto; podría pensar que las estrellas se alinean a su favor llevándolo a donde nadie de su partido ha estado alguna vez, Pero la verdad es que solo quiere salir. Solo quiere dejar que los demás se maten entre si mientras el encuentra la puerta y gana la libertad de la Plaza.
Ahí está, apenas a unos cincuenta pasos por entre las gradas y los obstáculos.
Puede hacerlo.
Si que puede.
Así que junta todo el coraje que puede y comienza a correr rumbo a la puerta, sin ver como el mástil de una bandera se interpone, haciendo que sus piernas trastabillen y él caiga de bruces contra la alfombra, escupiendo sangre y dientes en partes casi iguales.
Lento, aturdido, dos manos le hacen girar la cabeza hasta ver borrosamente unas figuras estilizadas y con los trajes hechos girones arriba de él.
Cree que es el fin, pero antes de que le rompan el cuello acierta a oír.
“¿Ven? Les dije cuando hay que hacer lo que hay que hacer siempre arrugan. Mpff… y después quieren ser gobierno”
CRACK.

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