Un servicio.

Es sabido; Todo hombre con una historia para contar tiene al menos una que quisiera olvidar.
Y, también se sabe que esa es la historia es la que habrá de teñir de oscuridad y dolor su vida.
Así que, vaso de ginebra o de vino, de por medio, conversando con alguien en el bar, el rostro entre triste y hecho mueca al punto del llanto, el ademán teatral del alcohol que transforma a todos en actores, la lagrimas mal contenidas tras los ojos rojos; podes ver a estos hombres tratando de desconocer, tratando de obliterar esa historia que les quito la alegría y no los deja ser.
Atentos a toda posibilidad de ejercer su oficio y vocación malsana, de esto se han dado cuenta los hechiceros. Conocedores del comercio de Almas, Intenciones y Emociones; han comenzado a ofrecer un servicio a la medida de estas personas.
Armados con su maleta de metamorfosis breves, imposibilidades posibles y maldiciones al mejor postor; el negocio del intercambio de recuerdos se ha convertido en la principal ventura de estos magos; funciona así, capaces de transmitir un recuerdo de una persona a otra, los magos cobran por sacar esa historia de la cabeza del cliente y traspasarla a la de otro desdichado de modo que, libre de la misma, el cliente pueda continuar su vida sin el peso que esa historia le supone.
Por supuesto, el servicio no es gratis pues si bien el primer ofrecimiento, entre los vapores etílicos y la amistad falsa que estos cultiva, vale apenas unas monedas, el mantener la historia fuera de si mismos pronto se transforma mas en una extorsión que en un servicio; del pagos que van subiendo mes a mes onerosamente imposibles, a cuotas que entran dentro de lo que podemos catalogar como metafísico (El primer libro de cuentos que se les ha leído, el gusto del Tiramisú, el olor de los pinos en una fría tarde de otoño), el cliente debe de aceptar la vuelta de la historia a sus sus cabezas y a su alma, o consentir con los pagos que tarde o temprano lo llevaran a otro modo de no ser.
El truco es, como siempre, que a la larga y pesar de que no hay modo de ganar con el negocio, la clientela no puede evitar la búsqueda de un alivio… cuanto mas no sea temporal.
Poco conocemos sobre lo que sucede con los infelices que reciben el recuerdo; se especula que tienen tantos pesares que uno mas no hace la diferencia y por eso ni siquiera son capaces de separar sus recuerdos de los otros.
Pero se sabe que se levantan todas las mañanas con la opresión en el pecho, la soportan y así luchan por vivir.

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