Matias Foxx. Formalista (Una biografía).

Nacido en Avellaneda, Buenos Aires en 1973 podemos decir que la verdadera historia de Matias Fox comienza con aquel epíteto lanzado por vez primera como un chiste o tal vez un reproche; en una época de escritores comprometidos- el único compromiso de un escritor es la literatura habrá dicho el en alguna nota famosa por su virulencia-, novelas de complejidades psicológicas que se resuelven en la cabeza de aura protagonistas, con pasados y pareceres que explican al delator, al asesino u al que es nada en el gran orden de las cosas, Fox abrazo su mote con la fuerza del convencimiento y, porque no, de la propia revancha.
Ya desde el principio reaccionario a cualquie modo- este adjetivo le hubiera encantado- prosaico de leer la literatura, su primera experiencia con la misma resulto de grafitear diversas paradas del subte de su Buenos Airea natal, cada una con un verso, el efecto de la lectura de los mismos a través de la ventana del viaje nos daba un poema entero si se hacia todo el recorrido. Era, sin embargo, mas interesante, el efecto que los poemas tenían leídos de a partes, como trozos de un collage de sentido que solo el lector podía armar valiendose de recortes, sobrentendidos y elipsis que cambiaban según la estación donde se comenzara a leer y la dirección del viaje-son sabidos los sobretonos eróticos de los versos que comprendían las estaciones entre Lima y Rio de Janeiro de la línea A, a contrapelo de la cadencia casi de salmo religioso que adquirían en el sentido contrario-.
Su segunda incursión, ya en el campo de la literatura pero sin abandonar la experimentación se plasmo en el libro “Cinco principios truncos”, libro que confundió a lis lectores desatentos como una cacofonía de argumentos de los cuales solo se postulan los inicios pasando, cada capítulo a ocuparse de una historia en apariencia diferente, y es esta aclaración necesaria pues hasta mas de un renombrado critico fallo en percibir el carácter coral de una obra completamente interconectada; ubicada en un mismo espacio que es una suerte de cantina o bar de ruta tenemos las historias del forastero ir llega en busca de una mujer, la pareja que ya ha agotado las cosas ir decirse, la prostituta embarazada de un hombre enmascarado, todas comenzadas y aandonadas en el momento donde el nudo debería ocurrir, las historias comienzan a entrelazarse a través de breve oraciones, menciones y descripciones que nos muestaran que las otras historias siguen sucediendo en el fondo de la que leemos en ese momento; así mientras la pareja discute sobre la posibilidad de que su hijo sea un gay no declarado percibimos que la frase “mientras el terroso hombre comenzaba un juego sin contrincante” pertenece a la historia del forastero y que la sentencia “había borrado su pasado con igual saña y cuidado” refiere al pasado de la prostituta embarazada que es, lógicamente, la mujer que el forastero busca sin reconocer. En la historia final, que versa sobre un parroquiano en busca del comienzo de su libro, podemos percibir que el lugar donde se encuentran es el infierno o bien uno de sus arrabales.
También el teatro tuvo el aporte de Fox com su obra”personajes”, la cual comienza con un actor recitando “Esperando a Godot” durante lo que parece ser una eternidad, de repente, el tedio de la lectura es cortado por un espectador que hace un comentario poco feliz sobre la obra, el actor se detiene e increpa al espectador, otro se une a la discusión, y luego otro y otro, teorías sobre la validez del teatro como alegoría u interpretación se agregan con cada nuevo interlocutor, el publico comienza a participar de la obra, finalmente, el propio Fox aparece y con una sentencia deja entrever que todo fue un espejismo o un simulacro.
Es, sin embargo, el ultimo de sus proyectos aquel que mas escandolo provoco en los cenáculos literarios. Calificado como imposible, el “Muchas vidas” hubiera significado la obra cumbre en la carrera de Fox; un libro que, utilizando las mismas palabras, la misma sintaxis, las mismas construcciones, capítulos y parrafos, provocase una lectura diferente cada vez que fuera acometido, así, este proyecto de novela universal- o casi infinitamente vasta- hablaría de un labriego en la Rusia de los zares a la primera leída, solo para transformarse en la historia de una huérfana chechena en la posterior y hablar sobre un bombero en Seatle en la postrera. Multiplicandos al infinito.
A esta empresa mas cerca de la alquimia que la literatura dedico Fox sus últimos años como ermitaño maniático.
Murió, al fin, de una infección pulmonar en el 2007, las leyendas dicen que antes de hacerlo vecinos lo escucharon gritar “Lo hice!” varias veces.
Al día de hoy nadie se anima a interrogar sus papeles.

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Babeles.

Insatisfechos y probablemente escandalizados de que un sentimiento tan complejo como el “amor” estuviera contenido en una simple y solitaria palabra, los gramáticos y linguistas de la nación dieron con aquel problema que, por supuesto, no terminaba ahi: voces como “accidente”, “belleza” “idea” y el propio “lenguaje” poseían la misma pluralidad de alcances y significados inasibles o incontenibles en si mismos por lo cual resolvieron, con la venia del presidente de turno, crear el “Ministerio de los lenguajes contingentes”.
Purgados entonces de las diferenciaciones idiomáticas que lo son solo por el capricho de la topografía y de una historia siempre en flujo, los nuevos idiomas se centrarían en los diferentes “temas” e “ideas” a las cuales pueden aplicarse los hombres.
Como proyecto piloto, y con la idea de ceñirse a un solo y minúsculo tema, el ministerio resolvió crear un lenguaje especifico para clasificar las Aves que pueden verse en la ciudad antes del anochecer.
Así pródigo en neologismos como “Albave” (Ave que suele aparecer en el alba de la ciudad pasando el resto de su día en los arboles de la ciudad) o “Roñiete” (variedad de pájaro carroñero que, no contento con comer la arriba dejada por otros animales, se divierte jugueteando cruelmente con ella), el deporte de “Avestar” (avistar, ver una de estas aves, vocablo que signaba todo el proceso) fue un total y rotundo éxito que abrió las puertas para la llegada de mas lenguajes.
Un Lenguaje para hablar de cumbia, otro para discutir la teologia de Swederborg, uno mas para criticar la obra de Conrad y su reverso para vindicarlo, la proliferación de estos modos expresivos logro que, en determinado momento, para mantener una conversación se tuviera que dominar no menos de una docena de los mismos, con sus propicias estructuras sintácticas, sus palabras, sus especificidades.
Fue entonces cuando ocurrió la debacle, corrompiendo (o tal vez simplemente entendiendo de modo verdaderamente cabal) aquella exégesis del proyecto que propugnaba que cada nuevo lenguaje debía plegarse a un “tema” o “idea”, uno de los gramáticos postulo que no existen “temas” ni “ideas” en común a los hombres y que cada hombre constituye un universo ideativo único, que solo puede intersectar con los universos de los otros brevemente y que de llevar a cabo el proyecto a conciencia, cada hombre del redondo orbe debería poseer su propio lenguaje, exacto y necesario.
Enamorados de esta corrupción (en parte por la regla del menor esfuerzo) los hombres del mundo comenzaron a hablar con sus propios, únicos e inventados lenguajes aun a costa del destino del propio país. Pletoricos de sonidos impronunciables con los palatales y guturales a la cabeza de la lista, los hombres se dirigían unos a los otros perdiendose entre malos entendidos y la inacción que la incomunicación provoca.
Conscientes de esto, en el gobierno central no tardaron en desmantelar el Ministerio y hacer desaparecer a los gramáticos y lingüistas quienes en sus últimos estertores de vida produjeron un texto (que algunos cifran en una sentencia) que permite hacerse con todos los lenguajes del orbe y así entender a todos y cada uno de los hombres que sobre el caminan.
Mito o no. Lo cierto es que ya ninguno de nosotros busca el texto… Bastante difícil es aprender ese alemán veteado de dálmata que ahora llaman lenguaje oficial.

La Caja o Un Truco modesto.

No se puede hacer mas lento.

René Lavand

Era el momento.
Era el día de probar la caja.
Traída desde Estonia, o Azerbajan, o alguno de esos otros impronuncibles países de la ex URSS; con su frente que presentaba la barroca faz de algo que podía ser un ángel o un demonio por igual, había pasado de mago en mago casi como un secreto familiar o una obligación de sangre.
Y Ahora era suya.
El final de su acto.
Así que dejó que la chica, vestida con las ajustadas mallas, se pavoneara ante la gente mientras detrás, él hacía girar aquel armatoste donde en unos segundos, la misma desaparecería “Del mundo de los mortales, en una dimensión hecha solo de energía y belleza”.
Entonces, las puertas se abrieron, la muchacha se metió dando un suspiro ensayado y dejando que la puerta se cerrara detrás de ella; luego, hubo unas palabras “mágicas” con un tono también ensayado, unas volteretas y unas puertas que se volvieron a abrir, esta vez, sin mostrar a la chica que hacía segundos estaba allí, una vez mas unos giros, unos pases de manos, unos minutos de espera y nuevamente la puerta se abrió ante el auditorio.
La gente no supo si aplaudir o no.
Donde tenía que aparecer la asistente sonriendo de oreja a oreja y demostrando que había vuelto de aquella dimensión, no había nada. Desconcertado, el mago solo atino a abrir grandes como platos los ojos y mirar al auditorio con un estupor inocultable.
Entonces, lógicamente, todos rieron; probablemente la puerta trampa que hacia desaparecer a la chica, se había trabado, o algún mecanismo de la ilusión no había funcionado y por eso la ultima parte del truco final se había transformado en una broma.
No lo era.
La caja funcionaba perfectamente, el espacio debajo de las tablas del suelo donde la niña tenía que apretarse para parecer “desaparecida” funcionaba exactamente como tenía que funcionar, las tablas se salían con la mínima presión, la única falla, era que la chica ya no estaba.
Las asistente había desaparecido de verdad.
Ya sin mucha gracia, la policía tuvo que hacerse cargo de la situación, arruinada la noche para el mago y todos los “testigos presenciales”, registrando el teatro de arriba a abajo, poniendo un perímetro para rastrear a la desaparecida…
Pero Nada, la niña se había desvanecido en el aire.
Convencidos de que la realidad no funciona como un tuco de magia, y atendiendo al hecho de que el mago estaba tan anonadado como los demás, lo dejaron ir a los pocos días de la investigación.
Por supuesto, los rumores creados después de la fatidica función y que abarcaban teorías como el secuestro o el propio homicidio acabaron con su carrera de alto perfil.
Decidido a olvidar lo pasado y comenzar una vida nueva, puso a la venta toda la parafernalia de sus trucos, sin extrañarle que, de todo su catalogo, nadie hubiese comprado la fatídica caja. Condenado, de algún modo, a conservarla, llegó la noche en que olvidó cerrar la puerta de la misma y entonces las voces comenzaron a llegarle.
Lejanas al principio, engoladas luego, clarisimas al final, eran las voces de varias personas que se habían perdido en aquel truco a lo largo del tiempo, reconoció, de entre ellas, a la voz de la asistente que, al igual que las otras, no se quejaba de su situación sino que tintineaba con alegría, al parecer, aquella dimensión de “Energía y belleza” era mas que solo la presentación del truco y realmente existía, lo único que tenía que hacer para alcanzarala era animarse a entrar y recitar las palabras mágicas que ya había dicho una vez y estaría junto a ellos.
Sin pensarlo un momento y sabiendo que no tenía nada que perder, se metió dentro de la caja y comenzó a musitar las palabras mágicas como había hecho tiempo atrás, solo para que frente a él, un hueco comenzara a formarse en el centro de la caja, un hueco que parecía agujerear la mismísima realidad, un hueco frio y espinoso que transformaba las conocidas voces en un cántico cacofonico y desde donde un tentáculo se aventuraba para llevárselo. Interrumpiendo el recitado de la pared y esquivando el tentáculo por unos centímetros salió justo cuando el hueco que iba a comérselo se cerraba y las voces gritaban en agonía.
Ya afuera, usó un machete para destruir la caja y luego sacó los restos al patio para quemarlos con gasolina; mientras lo hacía, quiso creer que no, pero durante todo el proceso, le pareció oír un finísimo susurro que gritaba ante cada nuevo golpe y mas cuando el fuego lo envolvía.
Años han pasado ya, solo en su casa, tildado de loco o extravagante, de vez en cuando los chicos del barrio a veces lo visitan probablemente luego de oír las historias de lo que podía hacer de boca de alguno de sus padres, a él no le molesta y les enseña los trucos de cartas, el del dedo invisible y el de hacer aparecer monedas detrás de las orejas.
Pero de desaparecer nada de nada.

Una prisionera.

Cuando he tenido un buen día la dejo salir por unas horas de la casa.

Le escribí un precioso invernadero llenos de las flores que tanto adoraba, incluso hay un espacio lleno de las flores de metal que durante el día brillan incandescentes con la luz del sol y de noche atrapan a la luna entre sus pétalos zumbones.
Por lo general ella se deja leer mientras camina descalza con las hierbas y de vez en cuando deshoja alguna rosa o se pierde entre los pliegues de una orquídea.
Algunas veces se ha revelado pidiendo explicaciones, gritando y pataleando y comportandose como la de antes, pero esto ha sucedido hace tiempo ya y ahora casi ha desaparecido.
Aun así, no puedo evitar muchas veces el sentirme un poco culpable de la situacion. Después de todo, las cosas se precipitaron por una serie de malentendidos y es imposible echar la culpa de los mismos a una sola de las partes.
De ese modo, Malentendido fue el brazo que me agarraba entre los suyos tironeandome para un lado o para otro, muerta de risa diciendo que en no se cual bar habia un karaoke y que teníamos, debíamos, mejor dicho, cantar I hace you Baby como Sony y Cher.
Malentendidas las no se cuantas noches que pase escuchándola hablar de su viejo que no valía nada y se había ido y que no sabia porque todavía llora cuando se lo nombran o se acuerda.
Malentendido ese beso en la fiesta de Navidad, así como medio al pasar poco mas que un roce de los labios pero claro para ese entonces yo ya había perdido la costumbre.
Malentendido ese te quiero que le largo como si se me fuera todo el aire.
Malentendida la risita de superioridad que medio le sale sin querer.
Malentendida la frase de Henry Miller “El mejor modo de superar a una mujer es convertirla en literatura”, porque yo no quería superarla, la quería mía y de nadie mas.
Así que empece de a poco escribiendo un gesto, un modismo del habla, una forma de mirar que es tan ella como la piel color Avellana, o los ojos opacos. Y poco a poco, letra a letra, frase a frase, ella empezó a estar menos acá que en las paginas y para cuando se dio cuenta de que era un fantasma yo ya la tenía toda en dos volumenes de ochocientas paginas, de la punta del meñique del pie al ultimo de los pelos rubiones.
El resto no fue fácil.
Los primeros días fueron un infierno, combativa como no la conocía, quería escurrirseme entre frases de sintaxis dudosa o faltas de ortografía por eso me vi obligado a mantenerla en una única habitación de la casa con cuidado de que no se hiciera daño, confieso si, com cierta vergüenza que muchas veces los improperios e insultos de esta primera etapa me hicieron actuar con crueldad inundando su pieza con luces que le impedían dormir o cambiando drásticamente la temperatura de la misma.
A esta fase le siguió la fase de los ruegos, en todo momento podía leer el entornar de sus ojos y el endulzamiento de la voz que me pedía por favor y me juraba que había estado tan equivocada, que si la devolvía me prometía el amor que, tontamente me había negado y muchas veces estuve a punto de flaquear, pero bastaba recordar esa sonrisita del malentendido para que no cejara mi resolución; entonces ella explotaba de nuevo pero cada vez con menos fuerza.
Mas pronto que tarde tuvo que acostumbrarse a su nueva situación y cuando lo hizo si, pude darle el dominio de la casa entera con su arquitectura que solo puede ser literaria y que tarde meses en construir con sus ventanales que dan, cada uno, a una postal diferente según su estado de animo, sus habitaciones de juego, estudio, cine y biblioteca que siempre están solo a una puerta de distancia, su Domo que mira a Constelaciones cambiantes e imposibles.
Así, la casa se ha convertido en su propio universo aparte y yo procuro que nada le falte
Por lo demás, hace rato he renunciado a la idea De que alguna vez se percate de las proporciones y dificultades de lo que he hecho, de lo que hago y de lo que estoy dispuesto a hacer, y aprenda a quererme, así que me contento con verla disfrutar de un libro nuevo que sumo a la biblioteca o una película antigua que le transcribo en la sala de cine.
Y del invernadero cuando he tenido un buen día.