Babeles.

Insatisfechos y probablemente escandalizados de que un sentimiento tan complejo como el “amor” estuviera contenido en una simple y solitaria palabra, los gramáticos y linguistas de la nación dieron con aquel problema que, por supuesto, no terminaba ahi: voces como “accidente”, “belleza” “idea” y el propio “lenguaje” poseían la misma pluralidad de alcances y significados inasibles o incontenibles en si mismos por lo cual resolvieron, con la venia del presidente de turno, crear el “Ministerio de los lenguajes contingentes”.
Purgados entonces de las diferenciaciones idiomáticas que lo son solo por el capricho de la topografía y de una historia siempre en flujo, los nuevos idiomas se centrarían en los diferentes “temas” e “ideas” a las cuales pueden aplicarse los hombres.
Como proyecto piloto, y con la idea de ceñirse a un solo y minúsculo tema, el ministerio resolvió crear un lenguaje especifico para clasificar las Aves que pueden verse en la ciudad antes del anochecer.
Así pródigo en neologismos como “Albave” (Ave que suele aparecer en el alba de la ciudad pasando el resto de su día en los arboles de la ciudad) o “Roñiete” (variedad de pájaro carroñero que, no contento con comer la arriba dejada por otros animales, se divierte jugueteando cruelmente con ella), el deporte de “Avestar” (avistar, ver una de estas aves, vocablo que signaba todo el proceso) fue un total y rotundo éxito que abrió las puertas para la llegada de mas lenguajes.
Un Lenguaje para hablar de cumbia, otro para discutir la teologia de Swederborg, uno mas para criticar la obra de Conrad y su reverso para vindicarlo, la proliferación de estos modos expresivos logro que, en determinado momento, para mantener una conversación se tuviera que dominar no menos de una docena de los mismos, con sus propicias estructuras sintácticas, sus palabras, sus especificidades.
Fue entonces cuando ocurrió la debacle, corrompiendo (o tal vez simplemente entendiendo de modo verdaderamente cabal) aquella exégesis del proyecto que propugnaba que cada nuevo lenguaje debía plegarse a un “tema” o “idea”, uno de los gramáticos postulo que no existen “temas” ni “ideas” en común a los hombres y que cada hombre constituye un universo ideativo único, que solo puede intersectar con los universos de los otros brevemente y que de llevar a cabo el proyecto a conciencia, cada hombre del redondo orbe debería poseer su propio lenguaje, exacto y necesario.
Enamorados de esta corrupción (en parte por la regla del menor esfuerzo) los hombres del mundo comenzaron a hablar con sus propios, únicos e inventados lenguajes aun a costa del destino del propio país. Pletoricos de sonidos impronunciables con los palatales y guturales a la cabeza de la lista, los hombres se dirigían unos a los otros perdiendose entre malos entendidos y la inacción que la incomunicación provoca.
Conscientes de esto, en el gobierno central no tardaron en desmantelar el Ministerio y hacer desaparecer a los gramáticos y lingüistas quienes en sus últimos estertores de vida produjeron un texto (que algunos cifran en una sentencia) que permite hacerse con todos los lenguajes del orbe y así entender a todos y cada uno de los hombres que sobre el caminan.
Mito o no. Lo cierto es que ya ninguno de nosotros busca el texto… Bastante difícil es aprender ese alemán veteado de dálmata que ahora llaman lenguaje oficial.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s