El valle pendular. De la Geografía de Dorhaut. Extracto.

El valle pendular.
De la Geografía de Dorhaut.
Extracto.

… mo ya se ha considerado numerosas veces por exploradores de toda estrofa y sobre todo por el Capitán Burton (autoridad si la hay, en el tema de la ciudad perlada) La dificultad de considerar a Dorhaut entre una de las grandes capitales del orbe radica objetivamente en el singular camino que se debe acometer para llegar a la misma.
Así, mientras un viaje a París, Mumbai o Nueva York están a un pasaje de avión de distancia, el llegar a Dorhaut posee un escollo que dificulta el pasaje y que esta cifrada en el vulgarmente conocido como Valle Pendular o Valle de lo siempre cambiante; singular espacio topográfico que rodea a la tan mentada Dorhaut y que ha merecido el estudio incesante de cartógrafos, aventureros, filósofos y hasta teólogos atraídos por sus singulares propiedades.
Rodeando como un circulo casi perfecto, la característica y el milagro (o maldición) principal del valle es su capacidad de mutar según quien sea que intente atravesarlo. Así, lo que para algunos puede ser un tranquilo periplo por amplios senderos de un bosque otoñal, se trabsforma para otros en una ardua empresa donde el valle muestra sus dientes como recóndita selva en el corazón del Amazonas o escarpada ladera de una montaña helada, fría, resbalosa y traicionera.
Se especulo en un principio que el valle funcionaba “testeando” con el terreno a quienes intentaran la empresa de llegar a la ciudad; testimonios subsiguientes denostan o, cuando menos, matizan esa hipótesis.
Así lo proponen las experiencias del famoso escritor Matias Foxx quien, al llegar a la ciudad, confeso con lagrimas en los ojos que su camino lo había llevado por un vasto desierto de arena que a cada paso suyo hacia brotar de la misma, frases de su monumental novela inconclusa. Parecida suerte sufrió Kieffer Dylan, galán de cine mundialmente reconocido que desde el principio debió enfrentarse a un sendero que se torcía y retorcía sobre si mismo en irregulares y fatigosas formas onduladas, rectas temblequeantes y profundos pozos, solo para ver, al final del camino que coronaba una montaña, que el valle reproducía a nivel monumental el rostro de una mujer de la que el actor se negó a hacer comentarios o declaraciones. Tampoco se puede olvidar el periplo que sufrió el General Matias Valverde, quien quedo catatonico después de llegar a Dorhaut y pronunciar con una voz que se iba apagando de a poco “cuerpos… Pedazos…humo”.
A raíz de estas y otras experiencias surgió entonces la nueva teoría de que, de algún modo, el valle es capaz de “leer” a las personas y proveerles de un camino que refleje esa lectura. Esta hipótesis se fija en las varias propiedades vibratorias que ofrece el terreno del valle y de como estas podrían sincronizar, a un nivel molecular con una mente consciente.
El brutal fracaso y la consecuente tragedia que trajo intentar acometer el pasaje de a mas de una persona parece confirmar estos rasgos. Según parece, en tales situaciones, el terreno “enloquecia” tratando de espejar dos mentes a la vez y terminaba construyendo puentes que daban a la nada, pisos falsos y lluvias de fuego. Todas cosas que intentaban conciliar la naturaleza dual de los peregrinos.
Es, sin embargo, la leyenda de los antiguos moradores de Dorhaut aquella que sigue teniendo mas adeptos a la hora de explicar el fantástico terreno. De acuerdo a la historia, luego del cuarto día de pulir, retocar y afinar la ciudad; el demiurgo encargado de tal tarea se puso a caminar distraído, dejando que su mente divagase y tejiendo sin darse cuenta un laberinto imposible a su paso. Al darse cuenta de esto y comprobar la complejidad del involuntario laberinto, el dios decidió hacer morada en el centro exacto de aquel lugar para que solo los elegidos y los dignos puedan encontrarlo y entender lo que nunca se ha entendido, ver lo que nunca se ha visto, y ser lo que nunca se ha sido.
Todo es, por supuesto, una superstición. Las escasas veces que el valle se ha manifestado como un laberinto aquellos que se atrevieron a entrar murieron perdidos en el.
O así nos dicen…

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