Un Romance.

Se miraban.

A veces de frente, a veces oblicuamente, a veces se buscaban tapados por los otros pero sabiendo de su presencia.
Ella trataba de guardar las apariencias claro esta, pero bastaba un desliz de sus fugaces ojos para decir todo lo que no se podía de otra forma.
A veces, los sinuosos caminos los llevaban a estar frente a frente, ella altiva y moviendose como si su mundo le quedara chico, él retacón y apocado, en el final del escalafón milenario. Buscándose, atacándose, queriéndose.
Presas de esos encuentros en donde bastaba un roce, un pequeño toque, para que se cayera en ese sopor tan parecido a la muerte que no podían evitar, se creían victimas de un laberinto.
Cansado de este doloroso y repetido baile, en secreto planeo el rapto al fin. Planeo la forma de evadir a sus propios colegas, planeo la forma de escapar de sus guardianes y la forma de encargarse de su celoso y aburrido esposo. Planeo sin culpa la forma de acabar con todos si fuera necesario y el discurso para convencerla de huir que eran las razones de un loco, de un asesino, de un suicida.
De un enamorado.
Listo para hacerlo, solo necesitaba la oportunidad, solo necesitaba…

Abrió la caja como hacía todos los días. Esta semana tocaba practicar la apertura italiana y si quería ganar el torneo tenía que practicar. No fue hasta acomodar las piezas que noto la ausencia; la reina Blanca y un peón negro no aparecían en la alineación. Fastidiado, busco en las cajas de sus otros juegos, del ludo, el de las escaleras y la generala.
Tampoco estaban ahí.

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