De Metodo (Actor)

Recién a las dos horas de la fiesta de casamiento empieza a sentirse el mismo.
Usualmente trata de no volver a interactuar con el mundo hasta al menos un par de semanas después de cada actuación pero la invitación estaba en el muro así que debía de ser lo suficientemente importante para ameritar su prescencia.
Sin dejar de sonreír y hablar de cosas banales como se requiere en esos momentos, casi puede sentir como su personalidad se asienta poco a poco, cada vez con mas seguridad, cada vez con mas facilidad.
El sistema funcionaba.
Lo Había diseñado después de la interpretación particularmente larga y emotiva de un padre soltero tratando de recuperar a su pequeña hija, luego de la cual sintió colgajos del personaje durante meses y nunca aupó si pudo borrar “del todo de si”.
Comenzaba con una “Siesta” de dos días para reiniciar su cerebro, seguido inmediatamente de una ducha que debía durar, al
Menos, unas hora en las cuales ayudaba visualizar los pedazos del otro resbalarse junto con el agua de su cuerpo; también había colocado un espejo de cuerpo entero para familiarizarse una vez mas con cada decoloración de piel, cada lunar, músculo y cicatriz que poseía.
Por supuesto, lo muscular, lo físico, era lo de menos. Lo psicológico era el verdadero problema, reconstruir su persona desde los elementos mas básicos del ser, recuperar sus recuerdos, sus maneras, sus pensamientos y el modo de originarios y ordenarlos, eso era lo que llevaba mas tiempo.
Ahí es donde entraba el muro.
Repleto de fotografías, informes, recortes de revistas, palabras y frases casi hechadas al azar, incluso papeles especialmente empapados de olores especifico como muestrarios de perfumes, aquella herramienta funcionaba a la manera de Proust, Por asociación. Así una palabra, una imagen, una frase o el vago aroma de un papel, disparaba en su mente las conexiones necesarias para reconstruir sus recuerdos.
De este modo la foto de la piedra inclinada de Tandil volvía a colocar en su lugar todos los recuerdos que le quedaban del quinto año de primaria y sus periódicas excursiones. La frase Te/No café, reactivaba sus papilas gustativas del modo en que debían ser realmente con su preferencia de sabores suaves por sobre los fuertes o invasivos. El olor del Internazionale le devolvía la vaporosa figura de un padre y una despedida en el umbral de una casa vieja. Finalmente, Las tapas de los libros de Einsesteien bastaban para recobrar los días de la academia, de sus compañeros, del profesor Romero que se había perdido adentro de una botella para realmente SER de La muerte de un viajante pero también lo había ayudado con la piel de un todavía dubitativo pero poderoso Holden Carver.
Así que ahí esta, y entre la charla de poca importancia sobre política o filosofía o lo que sea; cada mas seguro de que sus opiniones y pensamientos sean realmente suyos, se permite un momento para recordar una vez mas el muro; mas precisamente en el margen superior derecho del mismo, ese lugar que definitivamente mostraba un faltante, algo que había estado pero que ahora, deliberadamente o no, había desaparecido dejando solo el espacio en blanco, el espacio negativo de algo que solía ser parte de el…
¿Que podría ser? ¿Seria importante o una de esas cosas que recordamos mas por costumbre que por relevancia? ¿A que se referiría?
¿Que?
¿Que?
Se repite, solo para ser interrumpido por la entrada de los novios.
A su alrededor la gente aplaude y se acerca con vítores, risas y felicitaciones.
Mas por convención que por otra cosa, se acerca, estrecha con fuerza y convicción la mano del novio y luego abraza a la novia que tiene un perfume muy especial, un aroma que huele a tardes de verano tirados en el pasto, besos apasionados bajo una garúa muy fina, desayunos sin necesidad de hablar para saber que ambos están ahí y una piel que se tensa con solo repasar el cuello con un dedo.
Sin que se note mucho se aleja sonriendo derrotado, débil y seguro de cual es la pieza que falta en aquel muro suyo.

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Un Tren cualquiera.

El hombre gordo habla por celular justo enfrente mío. Con esa voz que no puede tener nadie en la vida real, trata de zafarse de una reunión con el director de la escuela por algo que sin duda el granuja de su hijo hizo. Como todas las semanas. Mirando de soslayo, giro el paquete de cigarrillos adentro de mi bolsillo esperando que diga su frase cliché y termine así la conversación.
Al parecer hay varias bajas hoy en el tren.
El periodista falto a la cita, probablemente por alguna emergencia a la cual tenía que llegar como su Súper aburrido alter ego.
El Dr. lisiado apareció por unos días arruinando pies con ese maldito bastón hasta que intento el truco de pobre invalido conmigo y se lo tuve que patear para que aprendiese. Se quejo, claro esta, preguntando si no lo había visto a lo que conteste que obviamente no, que evidentemente era ciego y nunca se me ocurriría usar mi discapacidad para aventajar en algo.
Supongo que ahora viaja con su Watson personal.
Los que nunca faltan son los asesinos. Unos cuantos asientos mas adelante, hablan del ultimo viaje de uno de ellos a la Argentina, a la que define simplemente como “Europa para pobres…” para después contarle que lo mas raro que vio es una suerte de ceremonia que involucra una pajilla enterrada en hierba que, nunca se entero porque, al parecer es legal por allá.
Sin querer me río pensando en porque nunca me tocan casos con sospechosos como ellos. De verdad, lo único que habría que hacer es dejarlos encerrados el tiempo suficiente y tarde o temprano confesarían solo para poder hablar con alguien.
Como siempre, en un rincón casi invisible del vagón, el hombre que solo es una inicial mira ansioso de lado a lado esperando la llegada de los dos hombres de negro que parecen salido de una película de cine mudo y lo declararan culpable de un crimen que tal vez no exista.
Igual, Para que negarlo no es a el al que me gusta mirar y ella lo sabe. Las mujeres bellas siempre tienen ese sexto sentido. Siempre saben cuando las estas mirando y te clavan la vista para que sepas que saben.
Así que mientras me apuñala con los ojos y, hago mi mas grande esfuerzo en no achicarme adentro de mi raída gabardina marrón.
Rubia de las que no vienen en botella, Sin duda conoce el juego y lo ha jugado varias veces, tiene unos labios finos que van entre medias sonrisas que no se condicen con los ojos de puro hielo o sus piernas. Dios, Esas piernas. Esas piernas por las que mas de un condenado habrá sacado pasaje directo al infierno de repente cobran vida y se cruzan dejando el resquicio justo para no tener que imaginar nada.
Me pregunto que diría si me acercara y le susurrara la verdad, si les dijera a todos ellos que en realidad son fragmentos de la imaginacion de alguien mas. Que esos gestos tan característicos, sus vestimentas, sus modos de moverse, de hablar y de ser al fin, vienen de otra realidad; una en la que escritores y guionistas ya les escribieron la vida de pe a pa.
Probablemente no se lo tomaría muy bien, me digo, sacudiendo la cabeza para después encasquetarme el sombrero, pasar un dedo por el ala y salir del tren.
Afuera, en el mundo real, al fin puedo prender un cigarrillo y mientras el fósforo muere en mi mano pienso que alguien en esta ciudad tiene un Halcón de oro pintado de negro y yo tengo que encontrarlo.

La cosa.

La cosa que Habíamos atrapado en el cuartito para escobas abrió la boca después de dos días de cautiverio.

Al contrario de lo que creíamos, no reclamo ni disculpas, ni sustento, ni siquiera nos insulto por su situacion, simplemente separo sus labios y dejo salir un sonido que parecía estática, como uñas rasgando un pizarrón, un sonido absolutamente ensordecedor que sin embargo Marga no pareció escuchar; es mas, apenas hubo terminado la transmisión de aquella cosa no pudo evitar una carcajada abierta y franca. Probablemente fue mi mirada entre inquisitiva y sorprendida lo que la llevo a preguntarme si no me había parecido gracioso; al negar con la cabeza y preguntar que había escuchado Marga simplemente me contó que había escuchado la voz de uno de sus Ex contando un chiste guarango que siempre usaba para rematar una noche de copas.
Por supuesto poco duro mi sorpresa pues al otro día la cosa una vez mas abrió la boca y esta vez fui yo quien escucho a Luisana del otro lado de sus cuerdas vocales, siempre tan creída, siempre tan superior, hablando sobre el vegetarianismo.
Debido a este incidente y otros ocurridos a lo largo de una semana, quedo suficientemente claro que cada con cada “transmisión” uno de nosotros escuchaba ruido blanco mientras el otro alguna voz de sus relaciones pasadas.
Peor aun, sin saber con que lo había hecho, un día desperte para ver que las paredes de su prisión estaban cubiertas de arriba a abajo con mensajes de Clara, otra de mis Exes; mensajes que, claro esta, solo yo podía ver, así como a la tarde solo pude ver garabatos que para Marga eran sin duda la letra de Juan que escribía todo de corrido por sus años en la facultad.
Así fue pasando el tiempo. Semanas, incluso meses de escuchar a la cosa hablandonos como viejos amantes de cosas que nos habíamos ocultado, escribiendonos sobre secretos que ya ni nosotros recordábamos e incluso (y esto Marga trato de negarlo, pero era una verdad evidente) llenando el departamento de su olor tan especifico.
No paso mucho tiempo antes de que aparecieran los sueños; sueños donde fantaseaba que Marga me dejaba para irse con la cosa que tenía la cara de todos sus Exes a la vez. Marga no lo decía, pero era evidente que cada nuevo mensaje, escritura u aroma que la cosa me dejara, la perturbaba visiblemente.
Supongo que fue por esto que al volver de un fin de semana en Colonia no me sorprendió ya no encontrarla en el depto, así como tampoco fue sorpresa que la cosa abriera la boca y su voz repitiera “Lo siento. No puedo mas. Chau… Chau…Chau…” como un disco rayado del peor modo.

Cleaning Day (Día de limpieza)

A la media hora de haber comenzado la limpieza el chico ya no pudo resistirlo y vomitó lo poco que había podido desayunar esa mañana.
Lenta y espesamente, la amarilla bilis se escurrió por entre los restos magullados, los miembros cercenados, y se mezcló con la sangre a medio coagular.
No era lo peor que habías en aquel campo, con las moscas, el olor y los camiones llenandose progresivamente de cadaveres; nadie le dedico mas que una mirada de soslayo. Por supuesto, la creencia de que si eras lo suficientemente adulto como para participar del La Purga, también lo eras de encargarte del Día de Limpieza, explicaba el desinterés general.
Ya acostumbrado por haber sobrevivido cuatro Purgas; Lucas atravesó el campo con dirección a la Casa de Clara rengueando levemente y sosteniendo con su mano derecha los vendajes mal hechos a la altura de la cintura.
Una de las casas mas bellas de la comarca; ahora, con sus ventanas rotas, las señales del fuego y las manchas de sangre de los que pidieron asilo tiñiendo su frente, parecía mas una casa embrujada que un lugar donde fuera posible vivir.
Como un muerto en vida, atravesó la puerta; un viento frío corría a través del recibidor, los muebles rotos y un espejo a medio romper lo recibieron y Lucas se detuvo mirando como su reflejo astillado le devolvía una mueca de tristeza.
Unos pasos sonaron en el piso superior e inmediatamente vio como Clara bajaba las escaleras; en una mano traía un balde con agua sanguinolenta y en la otra, un trapo con colgajos de algun tipo. Al ver a Lucas no pudo decir nada y solo atinó a bajar la cabeza mientras se acercaba lentamente.
Lucas suspiró.
Ambos recordaban la noche.
Ambos recordaban como Lucas había corrido hasta la casa deseperado, como tuvo que atravesar a puro golpe de puño y machete a conocidos y amigos por igual, todos reducidos a sus impulsos y deseos mas básicos, como había tenido que “lidiar” con esos tres granjeros; buenos muchachos que blandían Hoces y guadañas y que murieron con los ojos inyectados en sangre y gritando “Muerte, Muerte”, todavía inmersos en el espíritu de la celebración. Ambos recordaban como entró en la casa gritando su nombre con deseos de sacarla de ahí, de protegerla, de no dejar que nada le sucediese. Y sobre todo, ambos recordaban como, salida de la oscuridad mas absoluta, Clara había clavado un afilado estilete que falló en dar en el hígado apenas por centímetros y luego, sin siquiera una segunda mirada, lo había dejado solo para desangrarse una buena porción de tiempo hasta que al fin pudo levantarse y, de algún modo vendar su herida para sobrevivir hasta el amanecer.
Ambos miraron hacia abajo.
La mancha de sangre seguía ahí, ya negra sobre la alfombra del recibidor.
Casi corriendo y apunto de llorar, Clara se acercó y abrazó a Lucas con fuerza. Ni una palabra salió de sus labios… pero, claro esta, tampoco hubiese sido posible con aquel cuchillo en la espalda, aquel filo que removió al fin para vaciarla de aire y de vida.
Solo tardó unos pocos gorjeos y estertores en morir.
Con mucho cuidado, Lucas colocó el cadáver sobre la mancha de sangre de la alfombra para que ambas se mezclaran y confundieran. Era difícil que alguien se hiciera preguntas y tratara de averiguar si el asesinato había sido al amparo de La Purga o un crimen de verdad.
Pero Lucas sabía que, como toda limpieza, siempre era mejor prevenir que lamentar.