Cleaning Day (Día de limpieza)

A la media hora de haber comenzado la limpieza el chico ya no pudo resistirlo y vomitó lo poco que había podido desayunar esa mañana.
Lenta y espesamente, la amarilla bilis se escurrió por entre los restos magullados, los miembros cercenados, y se mezcló con la sangre a medio coagular.
No era lo peor que habías en aquel campo, con las moscas, el olor y los camiones llenandose progresivamente de cadaveres; nadie le dedico mas que una mirada de soslayo. Por supuesto, la creencia de que si eras lo suficientemente adulto como para participar del La Purga, también lo eras de encargarte del Día de Limpieza, explicaba el desinterés general.
Ya acostumbrado por haber sobrevivido cuatro Purgas; Lucas atravesó el campo con dirección a la Casa de Clara rengueando levemente y sosteniendo con su mano derecha los vendajes mal hechos a la altura de la cintura.
Una de las casas mas bellas de la comarca; ahora, con sus ventanas rotas, las señales del fuego y las manchas de sangre de los que pidieron asilo tiñiendo su frente, parecía mas una casa embrujada que un lugar donde fuera posible vivir.
Como un muerto en vida, atravesó la puerta; un viento frío corría a través del recibidor, los muebles rotos y un espejo a medio romper lo recibieron y Lucas se detuvo mirando como su reflejo astillado le devolvía una mueca de tristeza.
Unos pasos sonaron en el piso superior e inmediatamente vio como Clara bajaba las escaleras; en una mano traía un balde con agua sanguinolenta y en la otra, un trapo con colgajos de algun tipo. Al ver a Lucas no pudo decir nada y solo atinó a bajar la cabeza mientras se acercaba lentamente.
Lucas suspiró.
Ambos recordaban la noche.
Ambos recordaban como Lucas había corrido hasta la casa deseperado, como tuvo que atravesar a puro golpe de puño y machete a conocidos y amigos por igual, todos reducidos a sus impulsos y deseos mas básicos, como había tenido que “lidiar” con esos tres granjeros; buenos muchachos que blandían Hoces y guadañas y que murieron con los ojos inyectados en sangre y gritando “Muerte, Muerte”, todavía inmersos en el espíritu de la celebración. Ambos recordaban como entró en la casa gritando su nombre con deseos de sacarla de ahí, de protegerla, de no dejar que nada le sucediese. Y sobre todo, ambos recordaban como, salida de la oscuridad mas absoluta, Clara había clavado un afilado estilete que falló en dar en el hígado apenas por centímetros y luego, sin siquiera una segunda mirada, lo había dejado solo para desangrarse una buena porción de tiempo hasta que al fin pudo levantarse y, de algún modo vendar su herida para sobrevivir hasta el amanecer.
Ambos miraron hacia abajo.
La mancha de sangre seguía ahí, ya negra sobre la alfombra del recibidor.
Casi corriendo y apunto de llorar, Clara se acercó y abrazó a Lucas con fuerza. Ni una palabra salió de sus labios… pero, claro esta, tampoco hubiese sido posible con aquel cuchillo en la espalda, aquel filo que removió al fin para vaciarla de aire y de vida.
Solo tardó unos pocos gorjeos y estertores en morir.
Con mucho cuidado, Lucas colocó el cadáver sobre la mancha de sangre de la alfombra para que ambas se mezclaran y confundieran. Era difícil que alguien se hiciera preguntas y tratara de averiguar si el asesinato había sido al amparo de La Purga o un crimen de verdad.
Pero Lucas sabía que, como toda limpieza, siempre era mejor prevenir que lamentar.

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