Una Expedición.

Los arqueólogos aterrizaron en la ciudad tres clics después de lo planificado por el Gran Consejo debido a la gruesa capa de nubes y estática que cubría la ciudad, gris y ominosa.La suave llovizna resbalaba por los trajes y dificultaba mirar a través del ojo de pez.
El sonido del intercomunicador sonó como un arañazo y el mensaje de la capitana llego entrecortado pero entendible. Al parecer había que aumentar los parámetros de búsqueda unas tres cuadras mas que en ultimo viaje y bla, bla. bla.
La capitana siguió impartiendo las consabidas precuciones que ya había oído docenas y docenas de veces mientras ella se alejaba bordeando aquel monumento que en otro tiempo habría sido un incordio para el tránsito de la ciudad.
Alejandose de a poco, la estática la abandono y lo único que quedo fue el silencio de la ciudad muerta, la leve ceniza de lo que había sido y los edificios como esqueletos gigantescos de animales extintos e inútiles.
Ya se conocía el camino de memoria. Su lugar favorito no quedaba demasiado lejos y al fin podría dedicarle un poco mas de tiempo a la selección de los volumenes para la gran Citadel, tal vez hasta hojearlos y todo, pero la alarma de proximidad sonó antes de que pudiera entrar.
Allí estaba.
Una Sombra.
Incrédula dentro de su traje repaso mentalmente los protocolos de contacto.
Acercarse con precaución.
Tratar de no perturbar a la sombra.
Grabar lo posible.
Evitar el contacto bajo todo concepto.
No que necesitaba que se lo recordasen, claro esta. El solo ver a la sombra materializarse la puso en alerta total tensando cada parte de su cuerpo. Sin acercarse demasiado, midiendo la distancia con cuidado, encendió los aparatos de telemetría del traje y comenzó a grabar.
Por supuesto, y por lo que sabia de los otros pocos eventos, no logro conseguir nada demasiado limpio; la fuerza residual de las sombras apenas había comenzado a manifestarse unos meses antes y todavía no había alcanzado la masa critica que se conseguiría dentro un tiempo.
Así que no la sorprendió ver como solo partes del cuerpo Se manifestaban de vez en vez, como parches de un fantasma.
Ni la sorprendió que caminase deshaciendose un poco mas a cada paso.
Y tampoco la sorprendió que su voz fuera una mezcla de gruñidos y ruido blanco ininteligible. Que de a ratos sonaba como “iiiiijjjjjjaaaaa”
Lo que si la sorprendió fue la mirada. Sus ojos que debían ser vacios y huecos no lo era, estaban llenos de dolor y furia y perdida contenida.
No eran los ojos de una sombra, eran los ojos de un ser a punto de perderlo todo sin poder hacer nada para evitarlo por mas que sus manos intentasen infrucuosamente aferrarse a algo que ya no estaba allí.
Era una mirada que reclamaba algún tipo de respuesta, para el y para quien había perdido.
Y, por un momento, por un breve y evanescente momento, casi estuvo a punto de darsela. Casi intento explicarle lo de la plaga y la esterilización planetaria, lo de las tormentas sin fin y los rayos desintegradores globales, hasta casi trato de racionalizar la purga ordenada por el Gran Consejo como la única forma de estudiar el planeta adecuadamente.
Si, por un momento Biilghht estuvo a punto de decir esas cosas. Pero recordó que por mas que pudiese comunicarse un “humano” no entendería Vilggur…
Mucho menos la sombra de uno.

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