Tres cuentos cortos.

La Fonda.

Existe en el mundo una fonda donde se sirven fantasmas mezclados con licor.
Su dueño, (que algunos creen que es el mismo Satanás mientras otros califican como un simple demonio menor o un brujo), es especialista en atrapar almas en pena dentro de botellas de licor y servirlas a los clientes desprevenidos.
Los efectos son siempre los mismos; invadidos por la melancolía y el pesar del espectro que ahora comparte su cuerpo, las pobres víctimas se ven obligadas a vender sus almas al dueño para que solucione la angustiosa situación.
Estudiosos de lo paranormal han peinado la tierra en busca de esta fonda, arriesgandose a tomar cualquier licor de los mas sórdidos rincones de la tierra.
Sus hallazgos están a punto de publicarse en una revista científica pero ha tracendido su conclusión: Al parecer no hacen falta espíritus embotellados para que las personas quieran vender su alma al diablo para acabar con la angustia.
Sobre todo después de varias botellas.

El lazarillo.

Dicen que su dueño era un pintor que había perdido su vista en las redondeces de una musa veleidosa y que tomaba hasta perderla, y perderse en el fondo de la botella al punto de casi no poder caminar.
Asi, cada noche su fiel lazarillo lo guiaba a casa esperando que la próxima noche todo volviera a repetirse.
Mas una noche de inusual violencia, el pintor golpeo a su lazarillo y este, dolido por la traición, lo dejo a su suerte en la noche cerrada.
La muerte lo encontró entre un mal cruce de una vereda y los reflejos disminuidos de un conductor.
Desaparecido durante años teñidos de culpa, se dice que el lazarillo vuelve a aparecer como un espectro en las noches de juerga y elige a un borrachín para guiar con seguridad hasta su hogar.
Y si la borrachera es por una pena de amor, hasta se deja acariciar durante un rato.

El Florista.

Con su puesto que puede aparecer en cualquier lugar, en una calle, bajo un puente, o escondido entre los edificios, invisible entre el trajín de la ciudad y Empobrecido de años de vender sus ramos a perdida, el Florista se resiste a cerrar considerando que cumple una función superior en el universo.
“Una Flor para cada situación” dice siempre, y asi es.
Orquídeas para los velorios. Que sirven para solo recordar las buenos memorias del difunto.
Ramos para las novias. Que hacen que piensen dos veces antes de contraer matrimonio.
Margaritas Cuyos pétalos siempre terminan en “No me quiere” para que los enamorados Ingenuos aprendan como es el mundo.
Se dice que el Florista guarda en un arcón bajo siete llaves una blanca Rosa que otorga el amor eterno a quien se atreva a colorearla con su propia sangre.
Y por eso lo busco entre parajes solitarios y callejones sin salida.

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