Del Purgatorio.

El purgatorio, es sabido, se presenta como un subte de vagones casi infinitos.
Tal como delata el herético Codex de Avignon, es el deber del mismo el pasar por las cabeceras de su línea y recoger las almas que allí se encuentran para proporcionarle pasaje al destino que se merezcan.
Con un recorrido que cambia en cada viaje, son las estaciones donde el alma de los recién idos se pone a prueba para manifestar su pertenencia a las huestes celestes o a las legiones demoniacas.
Asi, Se conocen estaciones como la estación “De las promesas incumplidas”; donde los mentirosos son tentados por el canto de sirenas demoniacas que prometen lujuria y tal vez amor, solo para otorgar un lugar en el pozo donde las añoraran desencantados; también se sabe de la estación “Del eterno jolgorio”, lugar donde el alma es recibida por amigos y camaradas ya perdidos para participar de un asado sin fin.
Por supuesto a medida que el subte avanza la forma de las estaciones se hace mas sutil y metafísica; de este modo aquel don Juan que utilizo su belleza para seducir y engañar es asignados a una estación poblada de mujeres donde será encontrado banal y se lo castigara con la indiferencia; se cuenta también, que cuanto mas avanza el recorrido los bondadosos estarán mas cerca de la estación que otorga la paz del espíritu, y, de algún modo, la salvación.
Y así, el subte avanza con cada estación remitiendo casi a los círculos de Dante, con los castigos justos para los réprobos y las merecidas recompensas para los justos.
Sin embargo, hay en los reportes del Codex una ausencia que hace que desconfiemos de ciertas cosas antedichas y se propone así: ¿Que hay del conductor del subte?
Numerosos anexos han tratado de suplir esta falta con teorías de todo tipo; algunas ponderan que el tren funciona por la simple gracia divina y no necesita Motorman alguno, otras proponen una serie de relevos entre ángeles y demonios que se turnan para cumplir la tarea.
Sin embargo, ambas teorías resultan claramente insatisfactorias pues existe una tercera proposición mas adecuada a los fines del informe; según esta teoría el conductor del subte no es otro que el mismísimo Lucifer, el primero de los caidos, condenado a recorrer el circuito durante toda la eternidad.
Por supuesto, nadie se ha atrevido a lo largo de las épocas a siquiera pispear por la ventanilla para poder comprobarlo.
No obstante, cuenta la leyenda que su maligna presencia puede sentirse de modo casi palpable en el subte línea C entre las cinco y cinco y diez de la tarde. Sin duda, cualquiera que lo haya tomado podrá aseverar que el diablo esta ahí: en el olor mohoso y muerto, el calor imposible y la actitud de los pasajeros.

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