El (otro) escape.

Parafraseando el poema, la revolución no llego con una explosión sino con un susurro.
Un susurro, apenas un soplido leve y evanescente que no alcanzamos a escuchar; tan ocupados estábamos en otras cosas.
Por supuesto, las primeras palabras en escapar fueron aquellos vocablos viejos y obtrusos que ni siquiera la gente que se jacta de su vocabulario usa.
Así, sin darnos cuentas perdimos exangüe, retruécano, Candil, engalanar, presea (que se usa una vez cada cuatro años) y tantas otras que se nos fueron bajo las narices sin que tuviéramos consciencia de ello.
La cosa ya no pudo ocultarse mas cuando la palabra “libertad” tomo el rumbo de sus camaradas y amigas.
Hay que admitirlo, al principio era divertido ver a los políticos buscar y rebuscar aquel díscolo vocablo en su memoria solo para terminar silenciosos y fuera de lugar. Menos gracioso era la versión editada de “El país de la Libertad” de León Gieco que intentaba llenar los huecos con un firulete de armónica poco inspirado.
Después de ello, la debacle se precipito como un derrumbe. Padre, casas, durloc, crimen, rojo, enteramente, contar, entendi, mentira, fuego y cientos de miles abandonaron sus puestos de siglos y hasta milenios.
Consecuentemente, Los diarios comenzaron a parecerse a esos juegos de los libros de lectura viejos, donde uno tenía que rellenar la palabra faltante que se encuentra entre paréntesis o puntos suspensivos, las conversaciones se apoyaron en multitud de gestos para completar su significación y la comunicación multimedia continuó abusando de los emoticones incluso mas que antes.
Interesante fue el derrotero de alguna de ellas: Se sabe que Invierno, Nieve y escarcha rumbearon todas juntas a las playas de Centroamérica haciendo de mochileras.
La palabra regla, se encontró con sus hermanas: Regula y Reja, perdidas desde finales del SXVI.
Fluorescente, viajo con una expedición científica para conocer a los animales del fondo oceánico que poseían esta característica.
Llanta se entrevero en infinitas discusiones, algunas bastante violentas, sobre su significado original frente a las nuevas generaciones.
En plena procesión, Política tuvo que pararse casi cada dos pasos pata aclarar que no era un insulto (no lo logro).
Se especularon fenomenos smilares con Bondad y Honestidad, pero al parecer, estas se habían ido hacía tiempo ya.
Ser decidió encontrar su verdadero significado a lo largo de los tiempos así que se encerró a cal y canto en una biblioteca. No extrañara a nadie saber que todavía sigue ahí.
Todo el asunto, tardo menos de un año en terminar.
Del mundo como lo conociamos solo quedaron personas mirando los libros vacíos con sus rostros tristes y evocativos, artistas abríendo la boca para solo espetar gruñidos como papeles de lija pasando sobre su garganta, y la gente al fin, incapaz de acostumbrarse a este silencio malsano y envenenado.
Por supuesto, a esta altura vale que se pregunten como es posible que haya escrito esta crónica.
Como es posible que haya domado a estas salvajes para que se doblaran a mi voluntad y contasen esta historia.
Bueno, es evidente que todo se lo debo a mi Maquina Significante y al magnetismo empatico que las palabras tienen entre ellas.
Para decirlo de otro modo y como todoss saben, las palabras tienden a juntarse entre ellas para formar frases, párrafos, textos y hasta sin sentidos. Por ello, era suficiente que la maquina atrapase una sola; (cualquiera) para que todas las demás las siguieran y fueran aprisionadas en un libro también de mi invensión.
Y funciono.
Basto con poner mis manos en “Vacua” para que todas las demas se apelotonaran sobre el libro magico, aun contra su voluntad; todas pugnando por volver a escaparse, gritando por volver a ser libre o, al menos, volver a como eran las cosas antes.
Por supuesto yo las escucho, sonrio y a veces elijo a un par para decir en voz alta, para escribir o rimar como un poeta mientras las saboreo como quien tiene una caja de bombones rebosante, infinita y solo suya.

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