Little Piece of Heaven.

En el fondo de mi casa hay un pedacito de cielo.
Según creo, se debe de haber caído el día de la gran tormenta. Esa Que dejó a la mitad del pueblo sin techos y a la otra mitad sin casa siquiera.
Me gustaría decir que lo descubrí de inmediato, que la presencia de lo divino a pasitos de mi cuarto se me hizo evidente apenas mirar aquel lugar; pero lo cierto es que lo descubrí medio de casualidad, cortando el pasto, los auriculares encasquetados, la transpiración chorreando por todos lados y de repente…
Bueno, es difícil de describir pero creo que la palabra más cercana para definirlo es Paz…
Paz o lo más parecido que nunca sentí; como esos momentos donde uno se libera de una gran carga o respira bien hondo y libre, sin nada que lo moleste, sin nada que lo ate, sin nada que necesite pero sabiendo que todo va a estar bien.
Por supuesto, bastaba salir del área de influencia del pedacito de cielo y las cosas volvían a ser… las cosas volvian a ser como son las cosas.
No fue enseguida, pero con el correr de los dias empecé a pasar cada vez más y más tiempo dentro de ese círculo de edén caído.
¿Cómo no hacerlo si solo gracias a él pude sobre ponerme a la ruptura de tsntos años con Julieta, la pérdida del laburo justo cuando creía ascender, o el asunto ese con mi viejo? No temo en darle el crédito a sus poderes, pues así fue sin duda alguna.
Tal vez alguien quiera llamarme dependiente; aunque la verdadera pregunta es: ¿Quien no es dependiente de Dios y su voluntad?
Por supuesto no se lo dije a nadie, es sabido, solo podía haber dos respuestas al fenómeno; o me tomarian por loco, o peor, intentarían apropiarse de el.
Pero esta idea no dejaba de rondarme en la cabeza. No podía ser que algo tan importante se perdiese así nomas sin que nadie lo reclamase; más temprano que tarde alguien vendría por el, sin duda.
Y así fue.
Disfrazado primero Cómo el perro malo del barrio, lo descubrí oliendo los alrededores del lugar. Por fortuna pude sacarlo a palazos pero volvió en forma de una bandada de teros, un enjambre gigantesco de moscas y finalmente una caterva de parientes que, uno por uno se dejaron caer “preocupados” por mi, por mi palidez, por mi reclusión y otras palabras que se le atragantaban mientras vigilaban el fondo de reojo.
De estos acercamientos Deduje que quien fuera que viniese por el pedacito, no pertenecería a las huestes celestes sino a las otras. Después de todo, ningún ángel necesitaría fingirse un ser menor sólo para recuperar algo propio.
Esta teoría probó ser verdad hoy a la manaña.
Como salido de la nada, llego con su prolijo traje, su olor a colonia importada, su falsa sonrisa y su oferta.
Según el, la casa pertenecía a vaya a saber que evento histórico del año del ñaupa y valía una millonada.
Sabiendo sus intenciones, me fingí interesado, hice preguntas y cuando finalmente pregunto por el patio le di el recorrido.
Por acá las rosas, por acá el áloe verá, el paraíso y finalmente el cuchillo que clave justo por encima del pulmón izquierdo… Hay que admitirlo murió con un rostro de incredulidad que Hasta parecía real.
Ahora con el cadáver ya cortado para disponer de el, me permito un momento para ir hasta mi pedacito de cielo en busca de consuelo y paz.
Pero nada.
Ni el pecho liberado, ni el peso que deja de serlo, ni nada.
Si fuera otro, tal vez empezaría a dudar de las fuerzas celestes, o perdería la fe, o hasta me volvería loco por completo Cómo los demás arguyen.
Pero yo entiendo.
Después de todo, solo es un pedacito de cielo.

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