Consideraciones sobre el Purgatorio. (Extracto)

En el momento final, se sabe, el ángel de la muerte se aparece con las llaves en su mano.
La primera, roja como la sangre, abre las puertas del infierno y quien las reciba será condenado por toda la eternidad a vivir su peor pesadilla.
La segunda, de un azul purpureo, descerraja las perladas puertas y quien sea afortunado de poseer las vivirá sólo en los más felices de sus recuerdos y jamas sera olvidado.
La tercer llave, labil y transparente, abre, claro está, las puertas del purgatorio.
Esta nocion, sin embargo, ha sido asunto de acaloradas especulación.
Los estudiosos escolasticos más conservadores sostienen en el Purgatorio como aquel lugar donde las almas realizan acordes penitencias Hasta poder ascender al Paraíso por propio mérito.
Por supuesto, otros maestros discuten esta interpretación aduciendo que las culpas originadas en la tierra no pueden lavarse en el más allá e imaginan aquel lugar Cómo una eternidad brumosa donde reina una niebla tan espesa que impide siquiera se vean entre sí.
Es, sin embargo, el tercer grupo de teólogos aquel que postula la teoría más interesante. Según ellos la llave en cuestion no abre la puerta sino a nuestro mismo mundo para regresar a los espíritus como si nunca se hubieran ido, pues la verdadera naturaleza del Purgatorio es emocional y no topografica.
De este modo, Vivos de nuevo y sin sospecharlo, lentamente, poco a poco, un vacio comienza a crecer en ellos.
A veces aparece como un lugar semi olvidado, a veces como un momento irrecuperable en el tiempo y a veces como un amor perdido.
Pero se disfrace como se disfrace, la verdad es que es un hueco, una ausencia en el alma que no puede llenarse no importa lo que suceda o que se intente; y que tarde o temprano lo ocupa todo.
La conclusión es básica, y a la vez descorazonadora; rara vez los humanos no estaríamos en el Purgatorio.
Acusados de herejes, aquellos partidarios de esta teoría han sido expulsados, excomulgado y su doctrina oculta o quemada.
Extrañamente y a pesar del ejemplar y riguroso castigo la gente sigue triste y vacía.
Como si algo les faltase al fin.

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Cinema Paranoia.

“Mire que ya empezo” le dice la chica de la boleteria mascando chicle como si esforzara en ser grosera.
El ni siquiera responde y con la entrada ya en la mano sube con largos trancos la escalera rumbo a la sala.
Transpirado, elige una butaca en la segunda fila, cerca de la salida de emergencia que titila con su rojo de neón y se deja caer en ella arrebujandose dentro de su sobretodo.
En un gesto que ya se ha convertido en natural, casi obsesivo; palpa el arma fría y pesada por debajo de su sobaco derecho y solo entonces comienza a calmarse.
Finalmente suspira y relee el papel que ya ha leído docenas de veces; si, esta en el lugar adecuado…
Solo resta esperar.
Se calma un poco y mira la pantalla.
Frente a él la película llena el recinto de luces y sombras.
Al parecer es un policial .
Morosas, recatadas, contenidas hasta explotar en pantalla; las escenas se suceden sin que la historia quede clara del todo; pero algo es evidente: se trata de una cacería.
Asi, Una reunión en una fabrica abandonada termina en un tiroteo, uno de los personajes intenta decir algo pero solo se entiende un húmedo gorgeo antes de que su propia sangre lo ahogue.
Arriba de un edificio en construcción, otro personaje intenta dejar a sus perseguidores atrás pero calcula mal el salto y se precipita a su muerte doce pisos más abajo.
Cuatro hombres fuman bajo una tenue luz blanca. Sus caras apenas reconocibles entre el humo y la penumbra; hablan con un tono bajo y seco.
“¿Ya se termino?”
“Casi, hay un tercer hombre.
No lo sabe aun pero es el único que podría arruinar la salida… para todos.”
Pero no se preocupen; sabemos donde esta. Ya es nuestro.”
Y las últimas palabras reverberan en su cabeza, como si de pronto despertará, como si de pronto entendiera.
De inmediato, se da cuenta de que esta sólo. Siempre lo ha estado; la sala vacía con cada uno de sus movimientos resonando en el silencio sepulcral.
En la pantalla, dos hombres con sobrero de ala entran a un edificio. Despues de dispararle a la encargada de la boleteria corren el cortinado y el reflejo de su objetivo al levantarse recorta su sombra contra la tela.
Torpemente desenfunda sabiendo que solo tiene un tiro como mucho.
Los matones se acercan, puede adivinar sonrisas condescendientes esperando el yerro en su disparo.
Solo tiene una oportunidad, rogando no equivocarse, apunta y aprieta el gatillo.
!Bang!
El disparo suena nítido dejando un eco metalico en sus oídos.
En la pantalla, una cacofonía de luces se mueven fuera de foco y alrededor del agujero de bala que ha quedado en el proyector.
Incrédulo, con el corazon en la boca aun, se acerca a donde deberían de estar los cuerpos de los sicarios, pero nada hay allí más que unos rastros achicharrados de cinta de pelicula…