La musa (Un Hechizo)

Lo roza simplemente por la nuca…
O lo rozaba… antes.
Cuando venía a la primera llamada, cuando era una vieja conocida que podia esperar de un momento al otro, en cualquier lugar, en cualquier tiempo, cuando a veces lo despertaba; el sueño aferrado y aun pegajoso colgandose del cerebro y la historia, la trama, o el poema o lo que fuera queriendo salirsele por la punta de la lengua.
Y el la escuchaba, Su voz, como el viento, o mas bien una brisa que formaba las palabras como sacandolas de la inexistencia, como si fueran nuevas, recien salidas del horno del Adan o la Eva primordiales.
Entonces podía escribír, a veces poseido con los ojos vueltos sobre la hoja, como si estuvieran pegados a la misma, a veces con los ojos errados, la otra cara de la moneda del trance que le provocaba.
Pero, ya hacia rato que no aparecia.Inutiles fueron los ruegos, las imprecaciones, las amenazas.
La Musa lo había abandonado.
En vano; intentó escribir sin su ayuda, como una droga a la que, de a poco, se habia acostumbrado, podía sentir sus efectos en los falsos comienzos, los personajes increibles o inverosimiles, las tramas fallidas y los finales inexistentes.
Pero no iba a rendirse tan rapido, furico y obsesionado, fatigo las paginas de lo imposible y de la magia, de lo profano y de lo arcano para volver a traerla a su vida. Un espejo y una mala traducción de una vieja inscripción en griego, le trajeron la solución. Escrito por un Poeta desesperado del ágora, lo que parecía ser una sucesión inconexa de topicos, era en realidad un hechizo para atrapar, para atar a una musa al plano terrestre cortesía de una Náyade celosa.
Sin dudar ni un segundo, trazo los simbolos, replico el contexto y recitó los encantamientos hasta que la veleidosa musa quedo irremediablemente atrapada.
Aun debil y decididamente decepcionada con él, bastaba acercarse a su prisionera para que las ideas se derramaran de su mente como un manantial claro y limpido.
Con la fuente de toda la inspiración en sus manos; envejeció frente a la pagina en blanco; tejió fabulas, cuentos y novelas como el mundo nunca antes había visto y le lego a la humanidad el fruto de esa traición que apredió a sobrellevar.
Sintiendose Morir, decidió que era ya tiempo de liberar a su Musa. Con las disculpas o el perdón de mas, refregó concienzudamente los signos del diseño que la aprisionaba.
Ni siquiera se atrevió a mirarla cuando pasa a su lado y la idea por fin se le forma inmediata y sin esfuerzo en la cabeza.
Desesperado busca el lapiz y garabatea casi ilegible…
Lo roza simplemente por la nuca.

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