Necronauta

El dolor y el viaje son todo uno.
El hormigueo eléctrico que crece y crece hasta convertirse en patada y en esa explosión que se transforma en un túnel que se dobla y se retuerce y se hace espiral hasta el fondo.
Hasta el fondo de todo.
Así que primero lo primero. Los protocolos; asegurarse de no haber perdido nada en el viaje del ego, comprobar los miembros para calcular movilidad; recitar las declinaciones de griego (incluso las de alfa impura) para descartar daño cognitivo y por ultimo esperar hasta el temblor. Un minuto, dos, tres, cuatro y ahí esta; su palpitar. Acompasado estremeciendo todo hasta donde llega la vista.
Satisfecho con el chequeo mita el horizonte revuelto en un crepúsculo entero y por primera vez saca el mapa lleno de tachones y rectificaciones. Por fortuna al parecer esta apenas a una centenar de metros de una de las venas por sobre una loma cercana. Es una suerte que haya llegado una de ellas; un par de centenares de metros en cualquier otra dirección y el paisaje enteramente cambiante lo hubiera perdido sin remedio; podría haberse perdido entre los callejones de espinas que se cierran sobre uno al sentir movimiento o el bosque de los ecos, donde cada paso exaspera el sonido hasta hacerlo insoportable o peor aun, podría acabar en el valle de los reflejos donde la superficie pulida y suave te devuelve todas y cada una de las formas de quien has sido perdiendose hasta el infinito.
Pero por fortuna le basta escalar un leve montículo frente a el para encaminarse dejando un reguero de polvo detrás suyo y que algunas de las animas miran con un reflejo de entendimiento que se pierde en la nada negra de todos los otros ojos y que no repara en el uniendose a la marcha, incluso cuando un nuevo temblor hace moverse el paisaje en su totalidad.
Ahora, mezclado entre los caminantes procura adelantarse a los demás e evitando, eso si, el roce con cualquiera de ellas. Ya ha aprendido de mal modo lo que se siente ese toque que parece vaciarte de todo lo que sos para dejaste como una cascara, hueca y reseca.
De modo que, avanzando lo mas rápido posible, sigue las indicaciones del mapa hasta verla. Porque esta vez va a llegar, esta vez tiene que llegar. Después de todo, diez veces ha arriesgado su vida, o mejor dicho, la ha perdido para llegar a este momento. A Este lugar. Marcado con un circulo en el mapa; ahora. Ya puede verlo.
“El nodo”.
El lugar donde todas las almas se reciclan para configurar nuevas formas de las mismas Flotando levemente por encima de la vena, como una gran pelota de luz Pulsante, y cambiante, como un caleidoscopio de colores que van del magenta, azul y negro puro que ni siquiera se remueve cuando un nuevo temblor reverbera por todo el lugar, casi como si supiera lo cerca que esta.
Así que esta vez se apura. Se escurre por entre las animas, por izquierda, por derecha. Solo necesita acercarse lo suficiente. Solo necesita tocarla y entonces si; sabrá lo que se siente. El eslabón perdido entre el ser y el no ser, entre despertar a la vida, al cambio, al dolor y…
Otro temblor. Se están haciendo mas frecuentes. Su tiempo se esta acabando con cada temblor con cada latido de su otro yo, en la camilla, conectado a toda clase de maquinas, esperando volver. y el tiempo ha llegado, con un temblor detrás de este y este y este…
Por eso tiene que apurarse. Acercarse. Apenas unos metros. Se estira, la toca…
El dolor y el viaje son todo uno.
Sale de un túnel de puro blanco a un lugar donde las palabras se pierden y todos los sentidos se entremezclan entre si y lo único seguro es el llanto y el instinto de que solo el olor y el calor de un regazo puede dar.

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