App.

La App del siglo, le habían dicho y el mote ciertamente le cabía, por supuesto, antes de que empezara a mostrar la hilacha.

Pero claro; Hasta ese momento todos habían sido flores y alabanzas para la Aplicación y su creador, llegando incluso al caso de nominarlo como el humanitario del año a pesar de que el mismo se había recluido en su mansión de silicon valley y no quería hacer declaraciones.
Algo de esto se olería. Algo de esto tendríamos que habernos olido todos pero estábamos demasiado ocupados trasteando con nuestros cerebros para darnos cuenta.
“Porque todo tiempo pasado fue mejor… O puede serlo” rezaba el comercial de la “memory Lane” que aparecía justo antes del aviso chiquito que te avisaba que la App se conectaba directo al hipocampo tanto como a los centros de memoria a corto y a largo plazo del cerebro y que cualquier uso fuera de los parámetros podía ocasionar una lista de padecimientos larga como mi brazo.
Por supuesto, nadie se fijo en eso, se concentraron en las prestaciones. La posibilidad de revivir los mejores momentos de nuestro pasado como si de películas de realidad virtual en alta definición se tratase.
La primera vez que probaste una manzana. Esa noche que llovía y solo se escuchaba el repiqueteo del agua contra el techo de chapa. Tu primer beso. La primera vez que te apreto fuerte entre los muslos como para no dejarte ir. Todo eso mas la opción de mandar los recuerdos en una “bóveda” de donde no podían salir sin que uno los buscara.
Un éxito total. Millones de descargas en el primer dia y en los meses siguientes. Tan rápido ocurrió que parece mentira que el pasado se haya transformado en habito tan rápido como lo hizo pero asi fue.
En el tren, esperando en la oficina del medico, incluso caminando como zombies; estabamos “colgados”, los ojos perdidos en la nada mientras viajábamos al primer gol del campeonato 1992, hecho con la zurda que tanto me costaba enfilar.
El primer síntoma de problemas llego con la segunda App. La “memory cleaner” llego justo para la época en donde comenzamos a darnos cuenta que, con el consecutivo uso, las memorias se iban percudiendo, desgastando, corrompiendo, como cualquier archivo de video digital; esta App lo impedía y era casi obligatoria su compra si se tenía la anterior aunque por supuesto, esta no era gratis.
Un par de pesos por mes. Nada de que preocuparse… Excepto por lo que vino: AppS que mejoraban las áreas táctiles del recuerdo; AppS que permitían cambiar detalles de las memorias; AppS que permitían compartir los recuerdos vía WiFi.
Para cuando termino la avalancha, tener una experiencia completa con la App original salía unos mil y algo de pesos por mes.
Pero el verdadero problema esta todavía al caer. Según parece la “bóveda” donde guardamos los malos recuerdos, no esta tan cerrada como creíamos en el principio y estos pueden filtrarse por las rendijas de otras memorias. Ha habido casos de personas volviendose completamente locas debido a una avalancha incontrolable de recuerdos guardados sobrepasando cualquier barrera.
Por eso no pasa dia sin que chequee la AppStore por una solución, los ojos maniáticos, la mano temblorosa, el sudor frío sobre la frente, mientras me pregunto que habré ahí guardado en mi bóveda.

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