Soft Targets (Blancos Faciles)

Cubriendose entre el viento que que arrecia cuando cae la tarde y la arena que levanta y pica por todo el cuerpo; viene casi cayendose y ladeado a la derecha.
Se parece un poco al ultimo, con sus vaqueros desgastados en las rodillas, su remera que no pasa de un par de jirones sostenidos a fuerza de costumbre mas que otra cosa y su leve campera que mas que proteger del frío parece alentarlo. Su rostro también es similar, basta ajustar la mira para ver como cruza sus brazos casi cadavéricos para mantener, para atrapar un poco de calor esquivo, su pelo, que podría ser de cualquier color, ahora es ceniza pura y su rostro el de los cadáveres ambulantes.
Cada tanto, lo veo mover los labios como si masticara la arenilla o gruñera alguna cosa, alguna culpa, algun llamado, alguna maldición para un Dios que sabemos que nos ha olvidado.
Últimamente se me da por hablar un rato con ellos.
-¿De donde venís..?-
Les digo con una sonrisa de Bienvenida.
– De la ciudad- contesta la mayoría entrecerrando los ojos como si quisiera aferrarse a un recuerdo que esta tan lejos que casi es como si no estuviera.
-¿Como están las cosas por allá?- Le digo, tal vez ofreciéndole una lata de arvejas o un cigarrillo, según la mirada.
Algunos lo toman sin pensar y me cuentan; sobre las calles pavimentadas de cuerpos, las hogueras gigantes que el gobierno encendió antes de darse cuenta de que era inconsecuente, de la gente que trato de irse muy tarde porque la horda ya era una sola y se comía todo a su paso.
A veces me preguntan como hice para sobrevivir y les cuento casi sonriendo que fue de casualidad, les hablo de las vacaciones para escribir en la casa de la playa, en las conservas que atiborraban el sotano, las latas de comida… hasta de los vinos y los habanos que se salvaron. Y ahí si, dejan de hablar y su mirada fría y hambrienta me muestra un futuro de codicia mal escondida.
Entonces, niego con la cabeza y les digo que lo siento, pero no se si me entienden porque para cuando suben la vista el disparo ya esta hecho y ellos caídos antes de que el sonido deje de retumbar.
Esta vez el tiro lo alcanzó en la frente, un poco por debajo de donde empieza el cabello, un buen tiro para el kilometro y algo que nos separa.
Mañana cuando haya mejor sol voy a ir a quemar el cadáver.

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