En Ambar.

Abre y cierra la mano como si pudiera atrapar la luz de la Luna en un puño y luego dejarla ir en un solo movimiento.
Resollando, lo dejo hacer, rogando que no se de cuenta de que la corrida de apenas dos cuadras me ha dejado sin aire y que gruesas gotas de transpiración ahora corren por mi cara como si recién saliera de una pileta.
Por un segundo me preguntosi el chico recordaría las piletas en un día de sol.
Probablemente no, a juzga por su rostro tendría apenas dos o tres años cuando vinieron en sus naves que cubrían el cielo y traían la noche… Y las luces.
Tardamos poco en darnos cuenta como funcionaban; ellos tardaron menos en ocuparse de mas de la mitad de la población; los que sobrevivimos pasamos a ser subterráneos, alimañas, ratas perseguidas.
Por alguna razón, nunca bajaron por nosotros, no es que les hiciera falta… Solo tienen que esperar que necesitemos algo.
Como ahora.
Codeandome, el chico me señala la farmacia ahí enfrente nomas con las luces apagadas y el cartel a medio caer, comienzo a tomar aire para el trote.
Por supuesto, el chico apenas espera; elástico, joven y confiado tensa los músculos para salir disparado como una flecha, la sangre golpeando en los oídos, no escucha el zumbido a sus espaldas.
Leve, como una hoja cayendo de un arbol en otoño, baja justo sobre su cabeza con los vértices titilando fríamente.
No se de donde saco la vellidas o la fuerza pero logro apartarlo de un empujón justo antes de que todo se convierta en ámbar.
No en blanco que solo te convierte en polvo, no en rojo ir te quema por dentro como un trago de napalm o el verde ir te separa miembro por miembro, músculo por músculo.
En ámbar, que detiene tu mundo y te deja atrapado como un insecto, un mosquito, un maniquí congelado en un ademan a medio hacer mientras sentís que la luz no solo te cubre sino que se te mete hasta dentro llenando la nariz, la garganta y los pulmones hasta la arcada que nunca vas a poder terminar.
Afuera, el chico duda solo un segundo segundo y luego se pierde en las sombras.
Arriba, unos tentáculos como garras bajan y por una vez, aprecio no poder sentir nada.

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