La cosa.

La cosa que Habíamos atrapado en el cuartito para escobas abrió la boca después de dos días de cautiverio.

Al contrario de lo que creíamos, no reclamo ni disculpas, ni sustento, ni siquiera nos insulto por su situacion, simplemente separo sus labios y dejo salir un sonido que parecía estática, como uñas rasgando un pizarrón, un sonido absolutamente ensordecedor que sin embargo Marga no pareció escuchar; es mas, apenas hubo terminado la transmisión de aquella cosa no pudo evitar una carcajada abierta y franca. Probablemente fue mi mirada entre inquisitiva y sorprendida lo que la llevo a preguntarme si no me había parecido gracioso; al negar con la cabeza y preguntar que había escuchado Marga simplemente me contó que había escuchado la voz de uno de sus Ex contando un chiste guarango que siempre usaba para rematar una noche de copas.
Por supuesto poco duro mi sorpresa pues al otro día la cosa una vez mas abrió la boca y esta vez fui yo quien escucho a Luisana del otro lado de sus cuerdas vocales, siempre tan creída, siempre tan superior, hablando sobre el vegetarianismo.
Debido a este incidente y otros ocurridos a lo largo de una semana, quedo suficientemente claro que cada con cada “transmisión” uno de nosotros escuchaba ruido blanco mientras el otro alguna voz de sus relaciones pasadas.
Peor aun, sin saber con que lo había hecho, un día desperte para ver que las paredes de su prisión estaban cubiertas de arriba a abajo con mensajes de Clara, otra de mis Exes; mensajes que, claro esta, solo yo podía ver, así como a la tarde solo pude ver garabatos que para Marga eran sin duda la letra de Juan que escribía todo de corrido por sus años en la facultad.
Así fue pasando el tiempo. Semanas, incluso meses de escuchar a la cosa hablandonos como viejos amantes de cosas que nos habíamos ocultado, escribiendonos sobre secretos que ya ni nosotros recordábamos e incluso (y esto Marga trato de negarlo, pero era una verdad evidente) llenando el departamento de su olor tan especifico.
No paso mucho tiempo antes de que aparecieran los sueños; sueños donde fantaseaba que Marga me dejaba para irse con la cosa que tenía la cara de todos sus Exes a la vez. Marga no lo decía, pero era evidente que cada nuevo mensaje, escritura u aroma que la cosa me dejara, la perturbaba visiblemente.
Supongo que fue por esto que al volver de un fin de semana en Colonia no me sorprendió ya no encontrarla en el depto, así como tampoco fue sorpresa que la cosa abriera la boca y su voz repitiera “Lo siento. No puedo mas. Chau… Chau…Chau…” como un disco rayado del peor modo.

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