Siesta.

Como Camilo Canegato o tal vez Kafka, desperté de un sueño que daba a otro sueño.
En este, yo estaba desesperado por haber olvidado algo en el primero; sabía que en el mismo había dado clases, viajado a la facultad, ido al doctor, es decir; había vivido mi semana, pero algo faltaba y, sospechaba, que tenía un nombre de mujer.
Inutilmente, trataba de recuperar ese sueño al cuadrado para atrapar aquello que se me había ido, pero mis cabeceadas terminaban en sueños anodinos y olvidables como mi verdadera vida.
Finalmente, llegué a un sueño donde creí que podía darse la alquimia.
Estaba en una casa que, de algun modo, eran todas mi casas, Yo no tenía edad, o era indeterminada, algo entre 15 y 30 y mi familia hablaba de lo fabulosa que era alguien y yo sospechaba saber quien.
Hubo un golpe en la puerta.
Tome aire y me acerqué , comencé a girar el picaporte, me deje ir al otro lado solo para despertar del todo, cansado y un poco triste.

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